
Uruguay encamina una siembra récord de más de 300.000 hectáreas de maíz, impulsada por la ganadería intensiva, destacó el socio fundador de Portus, Marcos Carrera, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
Señaló que el cultivo atraviesa una “expansión” que hace cinco o diez años parecía “difícil de imaginar”. El impulso proviene de la integración con la producción ganadera, tanto de carne como de leche, aunque remarcó el peso de la primera. “Claramente el escenario de la carne es el principal motor de todo este crecimiento”, dijo.
Entre las señales que respaldan la proyección para la campaña 2026/27, Carrera mencionó el adelanto de las importaciones de semilla, que llevan cerca de un mes y medio de ventaja respecto a lo habitual. A lo que se suma un “fuerte” avance en las ventas de las principales empresas distribuidoras.
Las condiciones de piso limitaron inicialmente el ritmo de implantación, pero la “mejora” del escenario permitió acelerar los trabajos, comentó Carrera. Y advirtió un “fuerte pasaje hacia el maíz de primera”, decisión asociada a las perspectivas climáticas de la campaña.
Una trayectoria de crecimiento sostenido
El récord no es un dato aislado. En una columna de su autoría, Carrera recordó que en 2012/13 el área llegó a 178.000 hectáreas, pero luego retrocedió y se mantuvo varios años en torno a las 150.000. Cuando en 2018/19 se volvió a superar ese nivel, existían dudas sobre la sostenibilidad del crecimiento.
Esta vez el escenario fue diferente. En 2020 el área superó las 200.000 hectáreas y en 2023 las 250.000. Desde entonces, aun con eventos climáticos adversos, se mantuvo cerca de las 300.000 hectáreas hasta alcanzar ahora ese volumen histórico.
Carrera sostuvo que se trata de un crecimiento “genuino”, apoyado en la demanda interna. Durante décadas, Uruguay fue importador neto de maíz para abastecer a la avicultura, la producción porcina y la lechería. En los últimos años, la producción nacional fue ocupando ese espacio y redujo la dependencia de las importaciones, que continúan, aunque en menores volúmenes.
“Aumenta el área, aumenta el rendimiento medio y no se exporta prácticamente nada. De ahí lo del título: estamos sembrando carne en forma de maíz”, resaltó.
Detrás de la expansión, Carrera identificó una “transformación profunda” en la forma de producir carne. El aumento de los sistemas de encierre y la generalización de la terminación a grano generaron una demanda “creciente” de maíz.
La intensificación también alcanzó otras etapas de la cadena. El uso “más extendido” del destete precoz y las “mejoras” nutricionales durante la recría incrementaron el consumo de granos y fortalecieron el mercado interno, detalló.
Durante mucho tiempo se asumió que, una vez cubierta la demanda local, el país comenzaría a exportar maíz en forma significativa. Los hechos, según Carrera, muestran otra estrategia. “Uruguay no está exportando maíz; está exportando carne”, valoró.
Con una superficie superior a las 300.000 hectáreas y rendimientos en línea con la tendencia de los últimos años. “Todo hace indicar que estaríamos arriba de las 2 Mt, lo cual es un numerazo para el cultivo”, señaló. Y recordó que pocos años atrás la producción nacional no alcanzaba 1 Mt.
Para el técnico, la relevancia está en el destino final del grano. “Lo más valioso de todo esto es que va a ser exportado en cortes de alto valor a los principales mercados del mundo”, destacó.
La dinámica no se limita al maíz. Carrera incluyó en el mismo proceso a otros granos forrajeros y a los volúmenes de trigo y cebada que no alcanzan los parámetros de calidad de sus mercados principales y terminan en la alimentación animal.
Carrera apuntó que los bajos stocks ganaderos internacionales necesitarán tiempo para recuperarse y modificar la oferta mundial de carne vacuna. Ese escenario permitiría sostener condiciones favorables para la producción uruguaya.
Más allá de la coyuntura, el empresario consideró que el cambio es estructural. “De estos crecimientos no se vuelve para atrás”, sostuvo. Los precios y los márgenes podrán variar, pero Uruguay construyó una posición comercial apoyada en la apertura de mercados y en su estatus sanitario.
Las proyecciones recientes para la ganadería refuerzan esa visión, con expectativas de aumento tanto en la cantidad de terneros destetados como en el volumen de carne producido, precisó.
Carrera entiende que todavía existe espacio para aumentar el área de maíz, aunque descartó un crecimiento indefinido. A largo plazo, visualiza una superficie estructural de 250.000 a 300.000 hectáreas, desde la cual el cultivo podrá expandirse cuando precios, márgenes y condiciones productivas lo justifiquen.
“Creo que hay algo más de tela para cortar”, opinó. En menos de una década, el área sembrada prácticamente se duplicó y los rendimientos continuaron mejorando, un proceso que, según Carrera, seguirá atado a la capacidad de transformar granos en carne para mercados de alto valor.

