
La trayectoria de Juan Obispo resume buena parte de la historia reciente del agro uruguayo. Su padre era productor de remolacha, pasó por el auge de los servicios en el boom agrícola de comienzos de siglo y llegó a un modelo integrado donde conviven las producciones agrícola y ganadera, una empresa de servicios y otra de transporte. “Toda la vida estuve relacionado al campo. Papá era productor remolachero, y cuando dejé de estudiar, empecé a trabajar”, dijo a VERDE.
TRES EMPRESAS, UN SISTEMA
El esquema actual de la empresa se apoya en tres patas. La primera es Agrofuturo, dedicada a los servicios agrícolas; la segunda es Juan Obispo, dedicada a la producción agrícola-ganadera, que incluye un corral con capacidad para 2.000 cabezas de ganado encerrado de manera instantánea; y la tercera es una operación de transporte. En conjunto, las tres empresas emplean a 33 personas.
La lógica que articula todo el sistema es el aprovechamiento interno de la producción. “Casi todo lo que producimos en grano, al no ser la soja, se usa para comida de corral: trigo, cebada principalmente y maíz”, explicó Obispo. La autosuficiencia, sin embargo, es parcial: cerca del 60% de la comida del corral se produce en el propio establecimiento, y el 40% restante se compra.
LA ROTACIÓN PENSADA PARA EL CORRAL
La parte agrícola se desarrolla sobre campos arrendados y parte en campo propio, en un total cercano a 1.000 hectáreas. En verano, la rotación se reparte en 60% soja y 40% maíz, este último siempre de segunda. En invierno, el esquema combina colza con una fuerte presencia de cebada.
La elección de la cebada por sobre el trigo responde directamente al destino forrajero. “La cebada es toda 100% pensada para el corral. Es mejor que el trigo para comida”, señaló. El trigo, que durante años cumplía la función de cultivo de venta –se vendía y con eso se compraba el maíz–, terminó también en el corral por problemas de calidad. “Venimos de dos años en que la calidad del trigo es mala, son calidades forrajeras. El primer año, por la lluvia, fue baja de calidad; el año pasado, tuvo bajo peso hectolítrico. Lo usamos todo para el corral”, describió.
CORRAL: UNA SOLUCIÓN QUE SE VOLVIÓ NEGOCIO
El feedlot nació de una necesidad puntual y terminó transformándose en el corazón del sistema. “El corral lo hicimos por un tema de necesidad. En 2016 arrancamos. Ese año se había hecho sorgo para ALUR, que no lo quería porque tenía fusarium, entonces teníamos que buscarle otra alternativa. La opción era vendérselo a los corrales, y ahí tomamos la decisión de arrancar a hacerlo nosotros”, recordó.
La decisión permitió, además, aprovechar la infraestructura de personal y maquinaria de la empresa de servicios. El crecimiento fue rápido: del primer año con 800 animales se pasó, al segundo, a la capacidad plena de 2.000 cabezas estáticas, con piletas y la infraestructura necesaria. Más de 10 años después, el corral es para Obispo una herramienta consolidada.
En materia de reposición, cerca del 20% a 30% de los animales proviene de una recría propia, con compra de terneros y novillos livianos suplementados a campo en zonas de bajo y monte –las áreas que no se pueden destinar a agricultura–. El 70% restante se compra directo para encerrar. Los animales entran al corral cada vez más pesados, en respuesta a la demanda de carcasas.
“Antes comprábamos animales de entre 300 y 350 kilos. Hoy andamos tirando a los 400 de promedio para encerrar, para poder sacar un novillo de 520, 530 kilos para arriba”, explicó. El promedio de salida ronda los 550 a 560 kilos, y por debajo de 520 kilos se evita cargar. La faena se canaliza en parte por consignatarios y en buena medida de manera directa, con Minerva Foods, como principal destino industrial.
LA VENTAJA OCULTA DEL FEEDLOT
Uno de los aspectos donde Obispo encuentra más valor en el corral es el reciclaje de nutrientes hacia la agricultura. Todos los efluentes del corral –sólidos y líquidos– se reincorporan a los campos cercanos. El sólido se amontona y, en épocas de menos trabajo, se desparrama como estiércol. El líquido, almacenado en piletas, se aplica en los lotes próximos al corral, sobre alfalfa y cebada.
El impacto sobre la fertilización es sustancial. “Eso es lo que me está facilitando no aplicar fósforo, ni potasio, no son necesarios. Lo único que se aplica en los cultivos de la vuelta es nitrógeno”, afirmó. En las zonas tratadas, los valores de fósforo están elevados, y el productor va rotando la aplicación para cubrir progresivamente más superficie.
La cuenta económica cierra de forma muy interesante. El costo de limpieza y distribución del estiércol –un movimiento importante, con camiones, carga y distribución– se paga con el ahorro en fertilizante. “La cuenta del fertilizante que no comprás la usás para pagar los gastos de limpieza del corral”, resumió.
En un año en que el precio del fósforo está firme, la ventaja se vuelve competitiva. A eso se suma el beneficio ambiental, de usar insumos naturales y una mejora registrada en los valores de pH del suelo.
SERVICIOS: MÁRGENES BAJO PRESIÓN
Si el corral y la agricultura atraviesan un buen momento, la empresa de servicios enfrenta un escenario más complejo. “Está quedando cada vez más complicada. En Uruguay estamos sobredimensionados de maquinaria. Entra mucha maquinaria nueva y usada”, consideró Obispo. La combinación de exceso de oferta y menor área agrícola –en parte por el avance de la forestación y por precios de la soja que no estimulan la siembra en zonas marginales– comprimió los márgenes del rubro.
El productor planteó una distinción clave sobre el dimensionamiento de la maquinaria, según se mire desde la producción o desde el servicio. Para el productor, tener capacidad de sobra es una ventaja, porque las ventanas reales de trabajo son cada vez más breves. “En la cosecha de soja arrancábamos a fin de marzo y nos íbamos hasta el 15 o 20 de mayo. Este año, de cosecha, habremos trabajado 18 días, no llegamos a 20 corridos”, graficó.
Para el prestador de servicios, en cambio, esa misma lógica es un problema: los altos costos de las máquinas se deben amortizar cada vez con menos hectáreas por año.
Obispo señaló –además– una asimetría que afecta la rentabilidad del servicio: el mercado valora la tecnología al momento de contratar, pero no la paga. “Lo tienen muy en cuenta, pero que se pague más no lo veo reflejado. Nosotros andamos sembrando con una máquina modelo 2026 y con otra de 2008 o 2010, y el costo es el mismo”, apuntó.
LA TIERRA Y LA TECNOLOGÍA
Pese al contexto de precios bajos, conseguir campos para plantar sigue siendo difícil. “Hay mucha más demanda de gente buscando campo que oferta para plantar”, afirmó. La explicación, para Obispo, está en la búsqueda de escala: con márgenes cada vez más chicos, los productores necesitan más volumen para que el negocio cierre, y quien tiene un campo no lo libera.
En su lectura, la renta se está pagando incluso por encima de lo que los costos actuales de la agricultura justificaría, traccionada en parte por la demanda forrajera de la ganadería.
La tecnología aparece como condición indispensable para sostener la eficiencia. “Si no la aplicamos, casi no funcionamos. Se terminó el tiempo de ir y cosechar así nomás, con máquinas sin monitor”, sostuvo. Los mapas de rendimiento y la fertilización variable son, en un año de fertilizantes caros, herramientas centrales para ajustar costos. “Haciendo fertilización variable ayudás un montón al costo del cultivo”, remarcó.
MIRADA HACIA ADELANTE
Consultado sobre el futuro, Obispo apeló al humor para describir el horizonte de planificación uruguayo: “Acá vivimos 15 días para adelante, no sabemos qué va a pasar”. Aun así, su lectura por rubro es clara. La ganadería y, en particular, el corral los ve firmes y con recorrido.
“El corral vino para quedarse. Cada vez la gente quiere comer mejor carne, y hay gente que la puede pagar”, afirmó, citando el caso de Estados Unidos, donde la carne marca precios récord sin que caiga el consumo. Para él, la carne de corral, por marmoleo y terneza, no es comparable a la de un novillo de campo.
Sobre la agricultura, su visión es más cauta. “Creo que ya estamos en un tope del área que podemos hacer en Uruguay. No deben quedar campos vírgenes para seguir creciendo”, planteó, con la forestación absorbiendo superficie que podría ser agrícola, especialmente en zonas marginales, lejos de los puertos.
En cuanto a la inversión, anticipó una desaceleración en la compra de maquinaria, sin que eso implique frenar. “La inversión en maquinaria agrícola se está achicando. No vamos a seguir invirtiendo como veníamos años atrás”, opinó, aunque aclaró que la actualización tecnológica no se detiene.
“Siempre tratamos de estar en punta en servicio en maquinaria. Las inversiones en mejorar tecnología siempre van a seguir, capaz no con tanta intensidad”, concluyó. Y dejó abierta la puerta a que el ciclo cambie: “Capaz mañana la soja vale de vuelta US$ 500, esto se encamina y todos los precios mejoran. Es todo un tema de oferta, demanda y expectativas”.

