
El exministro de Ganadería, Fernando Mattos, admitió que hay un problema político en el Mercosur que lo inquieta: la incapacidad del bloque de acordar internamente la distribución de las cuotas. “Vemos cómo nos gritamos los goles entre nosotros, cuando deberíamos ponernos de acuerdo razonablemente con los intereses de cada uno”, graficó al ser consultado por VERDE.
La escena que describe es ilustrativa: los gobiernos festejando quién sacó mayor ventaja en las exportaciones a Europa, en competencia entre sí, como si el objetivo fuera superar al vecino del bloque y no maximizar el beneficio colectivo. “Esto demuestra que el proceso integrador del Mercosur está inmaduro”, opinó.
Mattos estuvo a cargo del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) en Uruguay entre 2021 y 2025. Antes de eso presidió la Asociación Rural del Uruguay (ARU) y representó al sector privado en instancias internacionales. El exintegrante del gobierno de Luis Lacalle Pou analizó la actualidad del agro local, que mezcla el optimismo ganadero con la preocupación agrícola, sumando crítica política y alguna advertencia.
La cuota de carne en la Unión Europea
Mattos participó de instancias de negociación internacional durante su gestión, y apuntó a las oportunidades y riesgos que se presentan en este momento. El acuerdo Unión Europea-Mercosur, firmado luego de 25 años de negociación, es “una oportunidad histórica que no se puede desperdiciar”, consideró.
A propósito de la cuota de carne de 99.000 toneladas en la Unión Europea, recordó la distribución acordada por el sector privado del Mercosur en 2004, instancia en la que participó representando a la ARU: 42,5% para Brasil, 29,5% para Argentina, 21% para Uruguay y 7% para Paraguay.
Pero también reconoció que las circunstancias han cambiado, ya que Paraguay creció enormemente en su capacidad exportadora en estos 20 años. De todos modos, considera irrazonable la pretensión paraguaya de distribuir la cuota en cuatro partes iguales.
Para Mattos, “Uruguay tiene que plantarse en algo muy parecido a lo que en aquel momento se negoció, por lo menos con un piso del 20%”, aunque también recordó que en aquel entonces se esperaba que la cuota fuera de un volumen mayor a las 99.000 toneladas de carne vacuna que se terminó acordando en la negociación entre ambos bloques.
El exministro también reflexionó sobre la cuota de carne uruguaya en China. Actualmente Uruguay tiene una cuota de más de 320.000 toneladas, un volumen que nunca ha podido cumplir. Por encima de esa cuota, el arancel pasa del 12% al 55%, y “ahí hay espacio para la negociación”, señaló.
Más allá del acuerdo europeo, Mattos identifica otras oportunidades de acuerdos comerciales, como el Cptpp —el tratado transpacífico que el gobierno anterior inició—, el EFTA (Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza) ya firmado, eventuales conversaciones con Canadá, el RCEP (el tratado de libre comercio más grande del mundo) y la posibilidad de retomar la negociación con China.
La ganadería en un momento “excepcional”
Mattos no escatimó en calificativos para describir el ciclo ganadero actual. “Está atravesando un momento positivo, con récord de precio de la tonelada de carne exportable”, destacó.
Y subrayó que tanto el criador, como el recriador y el invernador “están obteniendo valores por las distintas categorías que jamás hemos visto”.
El precio del terneros por encima de US$ 4 por kilo es, en palabras del extitular del MGAP, “el gran estímulo que tiene el productor para poder invertir”. Y sostuvo que estos buenos precios se traducen en inversión real: verdeos, suplementación y mejora genética.
La explicación del ciclo es estructural. Hay poca oferta de carne en el mundo. Grandes actores como Brasil, Australia y Argentina están con menores presiones de exportación. La demanda de proteína animal está sostenida globalmente. Y la geopolítica –con la política de aranceles de Estados Unidos y las salvaguardias chinas– redistribuye los flujos de comercio de manera que favorece, por ahora, a proveedores con acceso diferencial como Uruguay. “Todo el comercio de proteínas de origen animal está muy demandado, con una oferta menor, algo que asegura precios muy importantes, que benefician a todo el sector productivo”, resumió.
Sin embargo, el eslabón industrial enfrenta dificultades por la escasez de ganado para faenar. Con la materia prima tan cara, los frigoríficos trabajan con números ajustados. Y hay una restricción adicional: la faena de 2025 fue de 2,4 millones de cabezas, y la de este año estará por debajo de esa cifra.
“Nos hemos comido, por decirlo de alguna manera, la escalera de novillos adultos”, analizó Mattos. Esta situación agrava el problema de capacidad ociosa de la industria frigorífica en Uruguay. De todos modos, Mattos es optimista de cara al mediano plazo.La respuesta vendrá más tarde, pero ya está en marcha, consideró.
El 2028 como punto de recuperación
Mattos analizó que el gran indicador que sigue es el rodeo de cría. El objetivo, en su visión, debería ser llegar a 5 millones de vacas de cría, con un procreo de 3,5 millones de terneros al año. Eso permitiría sostener una faena en torno a 3 millones de cabezas y generar hasta 500.000 terneros exportables como excedente anual.
Los números de los últimos dos años abren esa posibilidad. “Ya tenemos muy buenos nacimientos en 2025 y 2026, y ojalá que también se den en 2027. Todo pinta que así será”, señaló.
Si el fenómeno El Niño genera una primavera lluviosa favorable, Uruguay podría encadenar tres años consecutivos con más de 3 millones de terneros, algo que no tiene precedente en la historia ganadera del país. “Eso va a determinar una disponibilidad futura. Ya a partir del año que viene empieza una nueva recuperación, para que en 2028 tengamos volúmenes bastante más importantes”, remarcó el extitular del MGAP.
Más terneros hoy equivalen a más hacienda en el frigorífico en tres o cuatro años. Uruguay completó en 2025 y proyecta completar en 2026 una cifra récord de nacimientos que empieza a reflejarse en los indicadores de recría.
La industria, desafiada por la falta de materia prima, encontraría alivio con esa mayor oferta. Los precios al productor, que hoy son excepcionales, encontrarían un piso más amplio sobre el cual seguir construyendo. Y la ganadería uruguaya, que Mattos define por cuatro pilares —genética, sanidad, nutrición y manejo—, tendría las condiciones para consolidar un salto cualitativo que ya se está vislumbrando en gran parte del país.
La garrapata y la búsqueda de culpables
Consultado sobre la actual política sanitaria de combate a la garrapata, Mattos respondió: “no la veo bien”. Su principal crítica apunta a lo que considera un error conceptual de partida: atribuir el avance del parásito a medidas de flexibilización del gobierno anterior.
“Hemos sentido reacciones de técnicos del MGAP, y del propio subsecretario (Matías Carámbula), que no se compadecen con la realidad. Querer atribuir que el aumento de la presencia de la garrapata en el país se debe a medidas de flexibilización que tomó el gobierno anterior es estar absolutamente reñido con la realidad y con los parámetros técnicos”, sostuvo de forma contundente.
El exministro explica cuál fue la medida que se critica: la autorización de tránsito de ganado con cáscara de garrapata, es decir, garrapata muerta. Señaló que esa fue una decisión orientada a facilitar la comercialización de ganados de zonas endémicas, en remates feria, sin flexibilizar los controles sanitarios de fondo. “Esto no es una flexibilización de las medidas sanitarias, ni de la campaña. Es un error conceptual básico”, insistió.
El diagnóstico de Mattos sobre las causas reales del avance de la garrapata apunta en varias direcciones. La primera es regional: “La difusión mayor de la garrapata es real. Hay más garrapata y en las zonas endémicas está más complejo, pero eso está ocurriendo en toda la región. En Rio Grande do Sul, en Corrientes, en Entre Ríos”, aseguró.
La segunda es climática: la terrible sequía de 2023 obligó a los productores a pastorear ganado en la calle, y ese movimiento masivo de fue, según Mattos, el gran difusor del parásito. “La garrapata no prospera en situaciones de sequía extrema, pero después, cuando vuelven las lluvias y el desarrollo exuberante del forraje, hay una gran explosión”, comentó.
Y la tercera es biológica: “La garrapata tiene miles de millones de años, esto viene de la época del Cretácico. Tiene una capacidad de adaptación enorme”, señaló, y añadió el uso inadecuado de productos veterinarios como factor que explica la resistencia creciente a distintos productos veterinarios.
La crítica más directa apunta al tono de la campaña. Mattos considera que amenazar con multas y suspensiones a los productores como primera medida es un error estratégico. “Hay que comprender la lógica económica del productor, desesperado por el aumento de tratamientos y la poca respuesta de algunos específicos veterinarios en su plan sanitario. No puede ser la primera medida el castigo, la amenaza, muchas veces tratando al productor como el culpable primero de esta situación”, dijo Mattos.
Consideró que el camino adecuado es la concientización, el diálogo técnico sobre bases científicas sólidas y la construcción de una estrategia compartida entre el Estado, los productores y las gremiales. Una estrategia que entienda la lógica económica del productor antes de aplicar sanciones.
Mattos también se refirió a una expectativa sobredimensionada de las actuales autoridades en el desarrollo de la vacuna que impulsa el Instituto Pasteur: “Ojalá dé los resultados debidos, pero no se le puede generar una presión excesiva a un instrumento que hasta ahora no ha dado resultados”, opinó.
La agricultura bajo presión
Para Mattos “la preocupación mayor ha sido por el lado de la agricultura, que ha tenido un desempeño complicado por la falta de lluvias”.
Esta situación se ubicó especialmente en la región núcleo, en el litoral-sur, que impactó fuertemente en los rendimientos de los cultivos de verano y que tuvo como complemento negativo la geopolítica internacional, que generó reacciones en los precios de los granos y particularmente de los insumos.
A eso se le suma el impacto energético. Los reajustes del gasoil en los últimos meses –motivados por el conflicto en Oriente Medio– llegaron sobre una ecuación de costos que ya era compleja. Los fertilizantes también subieron, aunque su efecto pleno recién se sentirá en los cultivos de invierno.
Mattos identificó un efecto concreto de esa presión de costos: los productores están migrando de las gramíneas –trigo y cebada– hacia las Brassicas –canola, carinata, camelina–, cuya ecuación económica resulta más favorable en el contexto actual.
“Seguramente habrá un importante incremento del área de Brassicas, en perjuicio del área de trigo y de cebada, que están con ecuaciones bastante más complejas”, analizó.
El arroz tampoco escapa a la disyuntiva, luego de una caída importante del precio y costos que continúan muy elevados.
El petróleo y las tarifas de los combustibles
Una pregunta que sobrevuela es si una eventual consolidación de la paz en Oriente Medio podría aliviar el costo de los combustibles. Mattos fue cauto al respecto, ya que “en anteriores gobiernos del Frente Amplio hubo situaciones similares, de muchos meses con el precio del petróleo en baja, pero no se ajustaron debidamente los precios de los combustibles”.
Y enfatizó que las tarifas de los combustibles no deben transformarse en una fuente de recaudación encubierta.

