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Ganadería
Corrales de engorde: de una oportunidad a necesidad estructural
9 de septiembre de 2026 - 08:04 hs.
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El crecimiento de los corrales de engorde fue una transformación central del negocio ganadero en Uruguay, algo que “llegó tarde” a un país netamente exportador de carne, analizó el presidente de la Cámara de la Industria Frigorífica (CIF) y director de Frigorífico San Jacinto, Eduardo Urgal, en la Jornada Anual de Barraca Erro, en Dolores.

El industrial comentó que recorrer las rutas y ver maíz junto a novillos es una satisfacción. “Cuando vemos maíz, estamos viendo novillos; antes veíamos barcos, ahora vemos novillos”, dijo, en referencia al destino del grano.

Proyectó que la faena de ganado terminado a grano podría acercarse o alcanzar el 50% a partir de 2027, y remarcó que esa herramienta ya no es una oportunidad, sino una necesidad estructural, en un contexto en que el ciclo ganadero se acelera por la intensificación y el país “ha consumido los ganados de más edad”.

También puso el foco en el peso de las carcasas: “vendemos kilos, no cabezas”, dijo, y planteó que el verdadero índice de extracción no son las cabezas faenadas por año —entre 2,2 millones y 2,6 millones— sino los kilos cosechados.

Para Urgal, la ganadería debería tener la misma lógica de rendimiento por hectárea que la agricultura, en un contexto donde el área y el pasto disponibles no van a crecer, aunque sí existan tecnologías para producir más.

Sobre la gestión empresarial, consideró que el agricultor entendió mejor que el ganadero la lógica de separar precio de resultado. Aunque se identifica más como ganadero, reconoció en los agricultores “una clase empresaria, una cabeza y una visión” que al sector ganadero todavía le falta desarrollar.

Urgal afirmó que la ganadería de contratos crece “cada vez más”, a medida que las empresas ganan escala y los acuerdos se formalizan. “Como lo dijo Néstor: el mejor seguro para la agricultura es la ganadería”, señaló, retomando la idea planteada por Néstor Britos, director de la empresa Britos Hermanos, que participó en la misma mesa de intercambio.

Para el empresario frigorífico, bloquear un margen —entre agricultura y ganadería, o entre la ganadería y la industria, vertical y horizontalmente— es una herramienta central de gestión de riesgo: “las ganancias extraordinarias con posiciones abiertas suelen terminar en pérdidas extraordinarias”, resumió.

Ante la perspectiva de un área récord de maíz, recomendó no quedarse en el mercado spot y “buscar socio”. Si la faena a corral tiende al 50%, calculó, la demanda para terminación rondaría 1,5 millones de toneladas de maíz, a lo que se suma el maíz para categorías de recría. No hace falta, aclaró, que todos los agricultores instalen un corral propio, pero sí que una parte se asocie con quienes ya lo tienen.

Analizó la creciente competencia por el ganado gordo en Uruguay como un proceso de concentración que también atraviesa otros rubros agropecuarios y agroindustriales: el negocio margina menos por unidad y se vuelve necesario ganar escala para permanecer.

Advirtió que la combinación de capacidad ociosa con mercados líquidos —donde vender carne es sencillo, aunque ganar plata no— genera “un círculo que se vuelve explosivo”.

Consultado por la exportación de ganado en pie, planteó la discusión en términos de qué país se quiere. Defendió medidas que “agranden la torta”, en lugar de restringir, pero remarcó que todos los países son proteccionistas cuando les tocan el bolsillo, y citó las cuotas de China y de Europa como ejemplos.

“Tanta libertad como sea posible y autoridad como sea necesaria”, sintetizó, la misma idea que aplicó al abordar los límites máximos de residuos de productos veterinarios en la carne uruguaya, un problema vigente particularmente con China. En materia de inocuidad, garantías e imagen del producto que se exporta y se consume, sostuvo: corresponde autoridad sanitaria plena; en el comercio, en cambio, toda la libertad posible.

La mesa de intercambio de la jornada de Erro se realizó bajo el título “Productividad con visión de futuro: el valor de la diversificación y el riego”, donde participaron Urgal, Britos; y Diego Otegui, productor agropecuario y director de La Magdalena.

Cada uno aportó una mirada propia, desde la industria, la gestión empresarial diversificada y la producción integrada, sobre un mismo eje: la diversificación productiva dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad estructural del negocio agropecuario uruguayo.

LA DIVERSIFICACIÓN COMO ADN DE LA EMPRESA

La empresa Britos Hermanos nació como productora de papa, el cultivo de mayor rentabilidad en la zona de Rincón del Pino, San José. “Empezamos a progresar junto a mis hermanos, pero veíamos que todos los emprendimientos de la zona que se habían desarrollado con ese cultivo colapsaban en las crisis”, comentó Néstor Britos.

Esa fragilidad los llevó a diversificar, primero con la producción de granos, después la ganadería y, como complemento, el corral.

Britos destacó que, al estar diversificados, los problemas y dificultades se comparten, pero no en la misma proporción, lo que da más estabilidad frente a un problema puntual; y la sinergia entre los cultivos se potencia.

Sobre la gestión de una empresa con varios rubros, explicó que es clave tener identificadas las virtudes y los defectos de cada uno. En Britos Hermanos cada área tiene su administración, lo que permite conocer el costo de cada cultivo y planificar mejor a corto, mediano y largo plazo.

A eso se suma una reunión semanal con los referentes de cada área, donde se unifican criterios de la semana anterior y se planifica la siguiente, y un capataz general que distribuye los recursos entre todos los rubros.

Destacó que agricultura y ganadería se potencian y que hay que incluirlas en un mismo sistema, ya que tener las dos permite estar equilibrado. Enfatizó que el mejor seguro para la agricultura es la ganadería. Contó que, ante un problema climático en la zona, tener pasturas y ganadería diversificadas genera el efectivo que falta, y que el mecanismo funciona también a la inversa, con la agricultura dándole potencial a la ganadería.

Además, explicó que las decisiones fundamentales no se toman por precio, porque los precios son cíclicos. “Por supuesto que aprovechás el precio del momento, pero después vienen los costos que se ajustan y el margen termina quedando en el mismo lugar”, señaló.

En la comercialización del ganado gordo que sale del corral, Britos Hermanos tiene acuerdos con la industria, algo que Britos consideró “fundamental” para no quedar mal parado frente a un cambio de precio.

El vínculo exige paciencia y capacidad de negociación, dijo, porque la industria también necesita “calzar ese negocio”.

Sobre cómo la ganadería debe exigirse para tener márgenes competitivos frente a la agricultura, remarcó que hay que apostar a la eficiencia en todo el ciclo. En Britos Hermanos, la recría está enfocada en calidad de carne, con agua en la parcela, pastoreo rotativo y fertilización. “La agricultura se profesionalizó, se preparó para tener alto rendimiento, y la ganadería, si quiere estar en el mismo lugar, también tiene que hacer los deberes de productividad y calidad”, sostuvo.

Con este sistema la empresa llegó a una rentabilidad comparable a la de la agricultura, con una productividad de 900 kilos de carne por hectárea, sin suplementación, con el objetivo de llegar a 1.200 kilos a partir de tecnologías que están evaluando, en categorías de hasta 300 o 350 kilos antes de pasar al corral.

En materia de reposición, la empresa trabaja con dos módulos: una cría propia, orientada a carne diferencial por nicho, que hoy cubre entre 15% y 20% de las necesidades del corral, y el resto se compra en el mercado para la recría intensiva hasta los 350 kilos. El objetivo es que el 100% de la reposición sea propia en cinco años, aunque ese “es un desafío, más que una certeza”, dijo Britos.

De cara a los próximos cinco o 10 años, planteó como desafío que la ganadería recupere terreno frente a la agricultura en los campos de mayor potencial. “Siempre fue la agricultura la que fue tomando campos ganaderos, y hoy tiene que ser al revés”, sostuvo, y adelantó que la empresa trabaja en varios proyectos orientados a que la ganadería vuelva a competir en esos suelos, incluso frente a la soja.

Sobre este último cultivo, dijo que en un sistema mixto —agrícola y ganadero—, la soja sigue siendo —por excelencia— el negocio agrícola, por lo que abarca en materia de suelos y por la estabilidad de sus precios de compra.

RIEGO Y DIVERSIFICACIÓN EN SALTO

La Magdalena inició su actividad en setiembre de 1991 en Salto, en un predio que Diego Otegui describió como “netamente ganadero y tradicional” para el norte uruguayo en esa época. El arroz atravesaba un buen momento, y el contacto con gente entendida en el cultivo, sumado a una represa que luego ampliaron 10 veces su capacidad, permitió comenzar a sembrar el cereal en régimen de medianería.

Desde el inicio la empresa fue semillerista, y 32 años después sigue produciendo buena parte de la semilla de arroz que Saman vende en el norte. La rotación con pasturas acompañó el proceso, y una sequía importante en 2007 amplió el uso del agua a otros cultivos, y dio origen al corral.

Esa herramienta “es una fortaleza”, que permite ser más eficiente en cada rubro, dijo. Y expresó que “no conviene correr detrás de las modas, porque normalmente uno llega tarde”. Para el verano 2026-2027 La Mgdalena apunta a que quede más grano en el establecimiento y que salga transformado en carne.

Sobre la relación entre agricultura y ganadería, se reconoció con una mirada más ganadera, aunque remarcó el rol determinante que tuvo el arroz en la historia de la empresa. “Si no hubiera sido por el arroz, no sé si hubiéramos podido llevar la luz”, dijo.

El arroz, señaló, es un cultivo de alta demanda de recursos y márgenes muy justos, y la agricultura forrajera que vino después terminó potenciando la ganadería, porque una ganadería tradicional por sí sola tiene un techo mucho más cercano.

La Magdalena fue de las primeras empresas en incorporar el riego. Otegui recordó que tuvo que llamar a Estados Unidos para que llegue el primer equipo de riego Valley a Uruguay, a comienzos de la década de los 90. Así, el sistema pasó del riego por desnivel para el arroz —dependiente de una mano de obra cada vez más difícil de conseguir— al riego por pivote para los cultivos de secano, con necesidades de agua más uniformes en el ciclo.

El primer objetivo del riego, aclaró, no fue el rendimiento, sino la estabilidad, porque la producción venía con un “serrucho” muy pronunciado. Una vez estabilizado el sistema, la exigencia pasó a la eficiencia, con varios kilos de diferencia respecto del umbral inicial.

Sobre el crecimiento del riego en Uruguay, Otegui se mostró optimista, pero con matices. Valoró los incentivos tributarios, pero dijo que en algunos casos el riego se instaló “más por el incentivo que por la práctica, el conocimiento o la solidez del proyecto”.

En la práctica, identificó el acceso a la energía eléctrica como la traba más compleja del sistema: tarifas, demoras y líneas de 30 o 40 años pensadas para un consumo que ya no es el actual. Ese desgaste llevó a varios productores del norte a evaluar volver a regar energía diésel. A su empresa, dijo, se le facilita porque casi todas sus tomas de agua son de represa, un trámite más sencillo que el de las tomas de río.

Sobre la comercialización del ganado gordo, señaló que trabaja con acuerdos y que la producción a corral es “cada vez más moneda corriente” por su previsibilidad de tiempos y calidad. En La Magdalena la coyuntura invita a volcarse un poco más a la agricultura: en el caso del arroz, la ecuación apunta a disminuir el área destinada a industria y a hacer más agricultura forrajera, algo que además consideró positivo para los suelos.

En esa línea, están dando descanso a algunos potreros con leguminosas por dos o tres años, y buscan producir algo más de carne, aprovechando la infraestructura ya existente, aunque reconoció que es un momento complicado para entrar por el valor de la reposición. “Vamos a virar un poco más hacia la agricultura y hacer más carne”, adelantó.

De cara al mediano y largo plazo, se mostró optimista: hay margen para seguir mejorando en eficiencia y productividad, “siempre en procesos ordenados y presupuestados”, en una actividad que, pese a desarrollarse a cielo abierto, es más planificable de lo que se suele pensar.

Consideró que la sinergia entre los distintos rubros “llegó para quedarse”, y advirtió sobre los riesgos de concentrar todo en un solo rubro: “no es un dicho tan nuevo eso de que tener todos los huevos en la misma canasta no es lo más sano”. Sobre la soja, no dudó de su lugar en la rotación: este año no la sembraron, pero como antecesor del arroz de semilla sigue siendo, dijo, “muy buena para nosotros”, y no está en los planes de la empresa sacarla.

“LA VACA, CON GRANO, LES GANA”

Al cierre de la mesa se adaptó la frase del expresidente de la República, Jorge Batlle: “la vaca les gana”, al contexto actual: “la vaca con grano les gana”. Urgal expresó que “las vacas están para producir terneros, y después el grano hay que dárselo a los terneros que produce esa vaca, y a lo que viene después”, dijo, en referencia a las “vacas turistas” que hoy exigen recursos sin justificarlos productivamente.

Diego Otegui matizó la idea de que se trate de una competencia entre rubros. “No es cuestión de quién gana y quién pierde, sino de que las dos, la agricultura y la ganadería, tiran para el mismo lado”, planteó. Más que hablar de quién gana, insistió en que habría que buscar ganar eficiencia en la cría.

Britos cerró el intercambio con una lectura territorial: “Uruguay es muy amplio, hay zonas que tienen un potencial y otras con otro. Es hora de que se unan y se potencien”.

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