
El fenómeno de El Niño anunciado para este ciclo sería uno de los más intensos de los últimos años y exige reforzar el monitoreo sanitario en los cultivos de invierno, aunque anticipa un escenario favorable para el maíz temprano. Así lo señaló Sebastián Mazzilli, director del Sistema Agrícola-Ganadero de INIA, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
Mazzilli explicó que el instituto elaboró una guía que reúne la información ya disponible en los distintos sistemas de investigación de INIA, con el objetivo de que productores y técnicos puedan anticipar los principales efectos del fenómeno y ajustar el manejo en consecuencia.
En los cultivos de invierno —colza, trigo y cebada—, este año se sembró un área importante, según indicó. El principal riesgo es sanitario: la mayor frecuencia de lluvias y humedad de un año Niño incrementa las horas de mojado foliar y favorece el desarrollo de enfermedades foliares, además de anegamiento en chacras bajas o con mal drenaje. Mazzilli ubicó a la colza como el cultivo más susceptible al exceso de agua, seguida por la cebada y el trigo.
En cebada, las enfermedades de mayor riesgo son mancha en red (tipo red y tipo spot), ramulariosis, oidio y fusariosis de la espiga. En trigo, el listado incluye roya estriada, roya de la hoja, mancha amarilla, septoriosis, estría y necrosis bacteriana, roya del tallo, fusariosis de la espiga y piricularia o Brusone, esta última con mayor riesgo en el norte del litoral.
Mazzilli no anticipó necesariamente más aplicaciones de fungicida respecto a un año normal, sino un monitoreo más frecuente, apoyado en herramientas como la app CultiDoctor y modelos como el DONcast para decidir el momento óptimo de aplicación en fusariosis de espiga. Recomendó no aplicar antes del macollaje y priorizar niveles de severidad bajos —entre 1% y 5%— en cultivares susceptibles. En colza, las decisiones sanitarias contra Phoma ya se tomaron, aunque resta atención a la sclerotinia en floración.
Para los cultivos de verano, Mazzilli indicó que los años Niño «tienden a ser buenos años para el maíz temprano.» El informe de INIA respalda esa lectura: los años Niño registran, en promedio, unos 30 milímetros más de agua útil durante el período crítico del cultivo, lo que favorece la definición del número de granos. Recomendó adelantar la siembra y aumentar la proporción de área temprana cuando la logística lo permita, además de ajustar la densidad y la dosis de nitrógeno al mayor potencial de rendimiento esperado.
El principal riesgo en el maíz temprano es el exceso de agua durante la implantación, que puede complicar la siembra, sumado a episodios de altas temperaturas en enero —sobre todo en el norte— y una mayor presión de la chicharrita del maíz, vector del achaparramiento. En cuanto a enfermedades, Mazzilli fue más tranquilizador: si se elige bien el híbrido y la fecha de siembra dentro de un rango razonable, no esperaría grandes problemas sanitarios asociados al cultivo.
En soja, la recomendación apunta a acortar los grupos de madurez y priorizar la siembra de primera lo antes posible, para hacer coincidir el período de mayor radiación y temperatura con la mejor disponibilidad hídrica. Mazzilli aclaró que esto no implica cambiar todo el paquete de siembra de un año a otro, sino ajustar la proporción de área hacia ciclos más cortos.
Consultado sobre si hay espacio para una mayor participación de grupos cinco cortos, el director de INIA fue cauteloso: dependerá de la ubicación geográfica, el tipo de suelo y su capacidad de almacenaje de agua —no es lo mismo un campo con 60 milímetros de capacidad que uno con 150—, además del criterio de cada técnico. Consideró aventurado recomendar de forma generalizada acortar los grupos, aunque en algunos ambientes puede ser una buena alternativa.
Sobre el riesgo sanitario en soja, Mazzilli señaló que en años Niño pueden aumentar las enfermedades de fin de ciclo, aunque citó trabajos de INIA que muestran respuestas bajas y muy dependientes de cada año. También puede aparecer la roya asiática, para lo cual el instituto cuenta con una red de monitoreo. Remarcó que debe primar el monitoreo temprano por sobre la sola ocurrencia del fenómeno climático. «No porque hay Niño voy a aplicar. Hay un tema de costo y un tema ambiental que también hay que tener en cuenta.»



