
Corporación de Maquinaria SA (Comasa) incorporó la New Holland CR11, una cosechadora que apunta a concentrar en una unidad la capacidad de trabajo de dos máquinas de gran porte, lo que demandó una estructura específica de soporte, repuestos y servicio técnico para respaldar una tecnología diferente al resto de las cosechadoras New Holland que actualmente operan en Uruguay.
Así lo señaló el director de Comasa, Ignacio Erro, dijo en Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy que la empresa venía siguiendo el desarrollo de la CR11 desde sus primeras unidades y decidió incorporarla a su portafolio para 2026 después de observar su funcionamiento en otros mercados.
“Siempre en búsqueda de la eficiencia y de estar con la última tecnología fue que decidimos incorporarla al portafolio de productos de 2026”, comentó.
La presentación se realizó en Dolores, Soriano, y supone un nuevo escalón respecto a las cosechadoras que la empresa venía comercializando en Uruguay. La principal diferencia está en la capacidad de trabajo que puede concentrarse en una sola unidad.
“Nosotros pensábamos que estábamos trayendo máquinas grandes con la CR 9.90, un modelo que está rindiendo muy bien en Uruguay. Pero esta máquina viene a suplantar la capacidad de dos máquinas”, destacó Erro.
Ese salto de escala cobra especial relevancia en una agricultura donde las oportunidades para ingresar a las chacras pueden reducirse rápidamente por las condiciones climáticas. Cuando Comasa decidió incorporar la CR11 todavía no estaba definido el actual escenario climático, pero la empresa ya trabajaba sobre la premisa de que las ventanas de cosecha y siembra son cada vez más ajustadas y requieren mayor capacidad de respuesta.
La llegada de la CR11 también representa un desafío diferente para Comasa. Por sus dimensiones, capacidad de trabajo y nivel tecnológico, la máquina requiere una preparación de soporte y servicio distinta a la de las demás cosechadoras New Holland que operan actualmente en Uruguay.
La decisión de incorporarla estuvo acompañada por un trabajo previo para contar con personal capacitado, disponibilidad de repuestos y una estructura de servicio capaz de responder durante la zafra, porque el impacto económico de una detención aumenta a medida que crece la capacidad de cosecha.
“Cada hora parada de una máquina, que sabemos que los fierros son fierros y se rompen trabajando, es mucho dinero”, afirmó.
Por lo tanto, la apuesta no pasa solamente por comercializar una cosechadora de mayor capacidad. Comasa también debe disponer de una estructura capaz de respaldar una tecnología diferente y reducir al mínimo los tiempos de máquina detenida.
Ese aspecto adquiere todavía más relevancia por el elevado nivel de automatización de la CR11. De acuerdo con Erro, alrededor de 90% de la operación es autogestionada por la propia cosechadora mediante sus diferentes módulos y automatismos.
El diseño también pone el foco en el consumo de combustible, el manejo y distribución de los residuos de cosecha y la capacidad necesaria para trabajar con plataformas de gran ancho. La unidad presentada está dimensionada para operar con un cabezal de 61 pies.
La incorporación de la CR11 no implica que este tipo de cosechadora sea adecuado para todas las explotaciones. Comasa dispone de máquinas de diferentes clases y capacidades, que se ajustan en función de la escala, los campos, la logística y el sistema de trabajo de cada productor. “Dependiendo del tipo de operación, del tipo de campo, de la logística o del dimensionamiento de cada productor, Comasa tiene una oferta de producto”, indicó.
Otro de los puntos destacados por Erro fue la tecnología de doble rotor, que New Holland desarrolla desde hace 50 años. Consideró que la experiencia acumulada con ese sistema constituye una ventaja en aspectos vinculados con capacidad y calidad de cosecha.
“No siempre pegar primero en una tecnología hace que sea exitoso en el futuro. Pero una experiencia de 50 años, con una tecnología que por ahí el mercado miraba con recelo y que hoy ya tienen muchas máquinas, muestra que se entendió que era una tecnología superior en calidad de cosecha”, sostuvo.
La mayor capacidad de las cosechadoras plantea, al mismo tiempo, nuevas exigencias para los cabezales. Erro señaló que una máquina de gran porte no puede expresar todo su potencial si la plataforma no logra acompañar su capacidad de procesamiento.
Ese concepto explica la relación que Comasa mantiene desde 2008 con MacDon, fabricante canadiense de cabezales y equipos para cosecha.
“Nosotros entendemos que Comasa acerca un sistema de trabajo y es necesario que todo sea armónico. Lo vimos el año pasado en Brasil: el límite de las máquinas lo ponen los cabezales. Si no tenés un buen cabezal, no le sacás el rendimiento a la máquina”, explicó.
La vinculación entre MacDon y New Holland también está avanzando internacionalmente. Erro señaló que hace aproximadamente dos años se alcanzó un acuerdo para Norteamérica y que ahora esa relación comienza a extenderse hacia Latinoamérica, con la fabricación de los primeros cabezales New Holland by MacDon.
El salto de escala permite dimensionar la evolución de la maquinaria. Cuando Comasa comenzó a trabajar con MacDon, las plataformas de 40 pies representaban una referencia de gran tamaño. Diecisiete años después, la CR11 presentada en Uruguay trabaja con 61 pies.
“Quién sabe lo que vamos a hacer dentro de dos o tres años”, planteó Erro.
Para acompañar esa evolución, los cabezales necesitan incorporar mayor automatización, capacidad de corte y ancho de trabajo. En ese punto, Erro destacó el desempeño del MacDon FD2, uno de los productos más recientes de la compañía y que representa un avance en capacidad y velocidad de corte.




