
El crecimiento de los corrales, la recría intensiva y los sistemas de cría más eficientes está modificando la relación entre agricultura y ganadería. El presidente de Cargill Uruguay, Gabriel Di Giovannantonio, estimó que el consumo de maíz ya supera los 2 millones de toneladas (Mt) y destacó la creciente demanda de harinas y otros subproductos para alimentación animal.
La intensificación de la producción ganadera está generando una demanda “creciente” de granos y subproductos en Uruguay, profundizando la integración entre agricultura y ganadería. El presidente de Cargill dijo en Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy, que “buena” parte del “buen” momento que atraviesa la ganadería está acompañado por cambios productivos que aumentaron las necesidades de energía y proteína vegetal para la alimentación animal.
Di Giovannantonio participó de una mesa de intercambio realizada en el stand de Minerva, junto al responsable de mercado interno de Cargill, Martín Silva, y los productores Gonzalo Torres Negreira y Matías Cafaro, moderada por Martín Olaverry. Allí se analizó la integración agrícola-ganadera y los cambios que viene experimentando la producción uruguaya a partir de una mayor intensificación.
“Uruguay es netamente un país agrícola-ganadero y ganadero-agrícola. Gran parte de este boom ganadero se da con una intensificación interesante, tanto en los corrales como en la recría y en la cría”, sostuvo.
Di Giovannantonio señaló que ese proceso incrementó especialmente el consumo de maíz, pero también de subproductos provenientes de las industrias de biocombustibles y aceites. Mientras los cereales aportan fundamentalmente la energía de las dietas, las harinas y derivados de soja, canola, maíz y trigo permiten cubrir las necesidades de proteína.
El ejecutivo estimó que el consumo uruguayo de maíz ya supera los 2 Mt anuales, abastecido tanto con producción nacional como con importaciones. A eso se suma la producción doméstica de DDGS derivada de la elaboración de etanol y cierta disponibilidad de harina de soja y canola, aunque sostuvo que la oferta local de estos subproductos no alcanza para cubrir la demanda.
Por ese motivo, Uruguay viene recurriendo a importaciones desde Argentina, Paraguay y Brasil. Di Giovannantonio señaló que durante el último año y medio aumentaron especialmente las compras externas de harina de soja y harina de canola, mientras Cargill trabaja comparando permanentemente diferentes orígenes para abastecer el mercado con la alternativa más competitiva. “Principalmente lo que hacemos es convertir proteína de origen vegetal en proteína de origen animal”, acotó.
La demanda, además, no proviene exclusivamente de la ganadería vacuna. La intensificación de la lechería y el crecimiento de otras producciones animales también incrementaron las necesidades de proteína vegetal. Este escenario, sumado a los actuales valores de los productos pecuarios, está llevando a que la planificación del abastecimiento de alimentos gane importancia dentro de los sistemas productivos.
Di Giovannantonio puso como ejemplo un corral de engorde que puede adquirir el ternero, asegurar anticipadamente el alimento y definir la comercialización del novillo que terminará dentro de 90 o 120 días. De esa manera, el productor tiene la posibilidad de cerrar parte del margen del negocio y reducir su exposición a las oscilaciones posteriores de los precios. Cargill, indicó, está ofreciendo alternativas de precios y entregas futuras de maíz y distintos subproductos.
Actualmente, Uruguay se encuentra nuevamente importando maíz una vez finalizada la cosecha doméstica. La compañía está comercializando el cereal para el corto, mediano y largo plazo, buscando cubrir las necesidades hasta el empalme con la próxima zafra. “Cuando uno se embarca en un proceso de intensificación de producción de carne o de huevos no puede darse el lujo de no alimentar a los animales”, afirmó.
El crecimiento previsto del área de maíz abre, a su vez, un escenario diferente. Di Giovannantonio señaló que las estimaciones anticipan una expansión importante de las siembras de primera, aunque el resultado final dependerá de los rendimientos. En campañas con cosechas voluminosas, explicó, mantener todo el grano almacenado hasta el segundo semestre puede resultar costoso y eventualmente generar una situación en la que sea conveniente exportar durante la cosecha y volver a importar posteriormente.
En ese proceso, consideró que el riego puede convertirse en uno de los grandes factores de transformación de la agricultura uruguaya. Una expansión significativa de la superficie regada aumentaría la estabilidad de los rendimientos y favorecería la incorporación del maíz dentro de las rotaciones, abriendo incluso la posibilidad de que el país desarrolle con mayor regularidad un canal exportador para el cereal. “El siguiente nivel que tiene Uruguay es intensificar el riego y, en ese esquema, el maíz tiene que entrar por un tema de rotación”, indicó.
Para Di Giovannantonio, alcanzar una producción de maíz suficientemente competitiva como para exportar también beneficiaría al mercado doméstico. Una mayor disponibilidad permitiría reducir el costo del principal grano energético utilizado en alimentación animal, con efectos sobre las cadenas de carne, leche y huevos. Además, generaría más actividad para puertos, transporte, almacenamiento y plantas, contribuyendo a diluir costos fijos que hoy pesan sobre la competitividad de la agricultura.
El presidente de Cargill Uruguay consideró, finalmente, que la transformación productiva que está atravesando la ganadería difícilmente se revierta por completo ante una eventual corrección de los precios. A su entender, la incorporación simultánea de tecnologías y mejores prácticas está provocando un cambio estructural comparable con el que experimentó la agricultura durante el ciclo de altos precios de los commodities.
“Me cuesta pensar que, aunque bajen los precios, volvamos a la tasa de extracción ganadera que teníamos hace cinco años”, señaló. Puede producirse una desaceleración o una corrección, sostuvo, pero buena parte de las inversiones, la intensificación y las prácticas incorporadas permanecerán. “Hoy tenemos una agricultura muchísimo mejor que antes del boom agrícola. Creo que la ganadería va por el mismo camino”, concluyó.

