
La faena de bovinos provenientes de establecimientos de engorde intensivo alcanzó en 2025 un máximo histórico de 448.150 cabezas, consolidando al confinamiento como eje estructural de la ganadería uruguaya. El maíz, con casi 290.000 hectáreas sembradas, y un consumo de concentrados que superó por primera vez los 3 millones de toneladas, completan el nuevo mapa productivo.
La faena bovina total en Uruguay cerró 2025 con 2.400.895 animales, un incremento de 6,4% frente al año anterior y una clara recuperación tras la contracción de -2,2% registrada en 2024. En ese escenario de reactivación industrial los corrales de engorde fueron el factor diferencial: con 171 establecimientos de engorde a corral (EEC) en actividad, la faena proveniente de confinamiento totalizó 448.150 cabezas, representando el 18,7% del total nacional. El crecimiento interanual fue de 21,1% —el más alto de toda la serie—, y determinó que casi uno de cada cinco vacunos procesados por la industria frigorífica provenga de un encierro, según datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC).
El año deparó además un hito sin precedente: por primera vez en la historia del sector, la faena de corral superó las 100.000 cabezas en cada uno de los cuatro trimestres del año. Este resultado contrasta con los inicios del período analizado: en 2016 los corrales aportaban 221.930 cabezas, equivalentes al 9,8% de la faena total de entonces.
EXPANSIÓN SOSTENIDA DESDE 2016
La trayectoria de los corrales describe una curva ascendente con pocos tropiezos. De las 250.961 cabezas de 2017 se pasó a 270.979 en 2018 y 257.448 en 2019. Al comenzar la década el ritmo se aceleró: 269.726 en 2020, un salto a 355.202 en 2021 —que marcó el primer gran quiebre de volumen—, y una estabilización en 354.787 en 2022. Tras la moderación de 2023, con 308.204 cabezas, el proceso retomó impulso con 346.779 en 2024, antes de coronar el récord de 2025.
La participación relativa sobre el total faenado también escaló de forma sostenida: desde el 9,8% de 2016 al 10,7% de 2017, pasando por el 13,4% de 2020 y el 14,7% de 2022, hasta llegar al 15,1% de 2024 y el 18,7% actual, consignó INAC.
NOVILLOS Y VAQUILLONAS
Al analizar la dinámica por categorías, los novillos constituyen el componente mayoritario, seguidos por un dinamismo creciente de las vaquillonas. Los novillos terminados a grano cerraron 2025 en 269.882 cabezas, explicando el 23,1% del total de su categoría. La serie muestra la evolución: 181.226 cabezas en 2016 (16,8% del total de novillos), 208.320 en 2018 (18,8%), 240.232 en 2021 (20,4%) y 249.791 en 2022 (22,9%), con un leve descenso a 214.380 en 2023, antes de la recuperación en 2024 con 243.805 cabezas.
Las vaquillonas de corral exhiben el dinamismo más marcado del período. De las 40.704 cabezas de 2016 (16,1% de la categoría) el segmento trepó a 64.933 en 2019, protagonizó un salto explosivo hasta las 114.970 en 2021 —con una participación de 25,1%— y cerró 2025 en 118.514 cabezas, representando el 24,1% de todas las vaquillonas enviadas a faena en Uruguay. Vacas y toros mantuvieron una presencia marginal a lo largo de todo el período, con menos del 1% de la estructura.
MÁS KILOS EN GANCHO
La terminación a grano se traduce en diferenciales concretos de rendimiento industrial. Los novillos provenientes de corrales promediaron 288,5 kilos de carcasa en 2025 —frente a 283,4 en 2023 y 285,1 en 2024—, mientras que los novillos de sistemas extensivos registraron 270,3 kilos. La brecha es de 18,2 kilos adicionales de carne en gancho por animal, con un rendimiento que se estabiliza en 56,5% para los animales de corral frente al 54,8% en promedio de los sistemas pastoriles.
Las vaquillonas de confinamiento muestran un diferencial aún mayor: 238,9 kilos de carcasa en 2025 frente a los 216,1 kilos de las terminadas a campo, que refleja una ventaja de 22,8 kilos. Esta complementación ha permitido acortar de forma drástica los ciclos de engorde, aumentar el peso final de las carcasas y asegurar la salida uniforme de novillos y vaquillonas jóvenes con el grado de terminación exigido por los cupos de exportación de alto valor, señaló INAC.
EL MAÍZ: EL COMBUSTIBLE DEL SISTEMA
La expansión del confinamiento no puede entenderse sin el paralelo crecimiento del maíz. La superficie destinada al cultivo con destino a grano seco ha registrado una expansión histórica en las últimas campañas. En la zafra 2016-2017 el área se ubicaba en 66.000 hectáreas. La primera señal de cambio estructural llegó en 2018-2019, cuando el área trepó a 107.000 hectáreas y superó por primera vez la barrera de 100.000, según datos de Estadísticas Agropecuarias (DIEA), del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP).
La aceleración se dio con fuerza en la nueva década: 143.000 hectáreas en 2020-2021, 152.359 en 2021-2022 y 187.919 en 2022-2023, campaña severamente afectada por la sequía, pero que igualmente creció impulsada por las siembras tardías.
La salida de la crisis hídrica disparó un salto sin precedentes: en 2023-2024 el área llegó a 234.007 hectáreas, 24,5% más que el ciclo previo. En 2024-2025 se ubicó en 257.267 hectáreas.
La intención de siembra de la zafra 2025-2026 —con datos de la Encuesta de Primavera-Verano de DIEA— fijó un récord absoluto de 289.063 hectáreas, distribuidas entre 142.210 de maíces de primera y 146.852 de segunda. El cereal ratifica su rol como componente central de los sistemas de rotación agrícola y de la alimentación animal intensiva.
MERCADO DE MÁS DE 3 MILLONES DE TONELADAS
El mercado de productos concentrados y granos forrajeros destinados a la alimentación animal en Uruguay superó por primera vez en 2024 la barrera histórica de los 3 millones de toneladas de consumo aparente, cerrando el año en 3.079.420 toneladas.
El incremento respecto a 2023 fue de 24%, y el consumo del último trienio (2022-2024) resultó 80% superior al registrado al inicio del período analizado (2007-2009), lo que refleja una transformación estructural del sistema productivo nacional. La recuperación frente a la contracción de 2023 —provocada por la sequía— estuvo directamente apalancada por una zafra récord de cultivos locales y por la intensificación sostenida en los sistemas de producción de carne, informó la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa), unidad del MGAP que elabora el anuario sectorial de referencia.
La ganadería de carne vacuna se consolidó como el principal motor de la demanda, absorbiendo 1.837.914 toneladas, el 60% del consumo total del país y un crecimiento de 53% frente a las 1.201.843 toneladas de 2023.
La cadena láctea demandó 634.187 toneladas (20% del mercado), con una leve reducción de 5% respecto a 2023, dada la buena disponibilidad de pasturas. La avicultura consumió 425.806 toneladas (14%), el procesamiento de etanol aproximadamente 150.000 toneladas (5%) y la cadena porcina 45.981 toneladas (1%).
La base del mercado la componen los granos energéticos —con el maíz como principal referente, seguido por cebada y trigo forrajero y los coproductos de la molienda— y las harinas de oleaginosas, donde la harina de soja opera como el principal corrector proteico de las dietas.
Uruguay mantiene una dependencia estructural de importaciones de harina de soja para abastecer a las plantas de raciones de las cadenas avícola, lechera y porcina, complementada con importaciones puntuales de maíz en grano durante los baches de stock entre zafras. Los granos destilados de etanol (DDGS y WDGS, por sus siglas en inglés) ganan peso estratégico al aportar simultáneamente proteína y energía.
El comportamiento del último ciclo demuestra que el uso de raciones y concentrados energéticos dejó de ser una herramienta de emergencia ante crisis hídricas para pasar a formar parte del diseño estructural del negocio ganadero. En ese esquema el volumen de granos consumido internamente se transforma en proteína de alto valor con destino al mercado mundial: la carne exportada es, en términos económicos, la forma en que Uruguay valoriza sus granos forrajeros a escala global, indicó Opypa.
SORIANO LIDERA, DURAZNO AVANZA
La estructura territorial de los corrales de engorde en Uruguay muestra una fuerte consolidación en el litoral-oeste, con una creciente diseminación hacia el centro del país. De acuerdo con los registros de la Dirección de Sanidad Animal, del MGAP, al cierre de 2025 el país cuenta con 125 corrales formalmente habilitados, con una capacidad instantánea conjunta de 260.165 vacunos.
La cifra difiere del total de establecimientos registrados, ya que no todos cuentan con la habilitación sanitaria correspondiente, según informó VERDE en su edición N° 128.
Soriano lidera el mapa de la producción intensiva. En cinco años pasó de unos 25 corrales a casi 40 feedlots operativos, con una capacidad instantánea de 86.685 vacunos. La zona más agrícola del país ofrece acceso directo al grano y fletes cortos, condición que determina en gran medida la localización de los encierros. Río Negro registra 19 establecimientos y 43.768 cabezas de capacidad, frente a los 18 corrales con 40.760 cabezas de 2020. En un escalón intermedio se ubican Canelones y Rocha, con cinco feedlots habilitados cada uno, y San José con cuatro.
En la vereda opuesta, la densidad de confinamientos es baja en los departamentos más distantes de las zonas nucleares de producción de grano: el impacto del flete encarece la ración y reduce la competitividad del negocio. Rivera y Treinta y Tres registran un solo corral habilitado respectivamente, mientras que Artigas, Lavalleja y Colonia cuentan con apenas dos cada uno. El caso más extremo es Cerro Largo: el único departamento del país sin ningún corral habilitado por Sanidad Animal, pese a que en 2020 figuraban dos establecimientos activos.
El fenómeno más destacado de la dinámica reciente se localiza en el centro del país. Flores ascendió de seis a 12 corrales habilitados (con capacidad para 14.768 vacunos) y Florida creció de siete a 11 encierros (8.894 cabezas). Pero el comportamiento de Durazno sobresale por escala y potencial. Hace cinco años contaba con tres corrales habilitados, y al cierre de 2025 la cifra llega a siete establecimientos. Con menos predios que Flores o Florida, Durazno supera la capacidad conjunta de ambos vecinos: 18.897 vacunos de capacidad instantánea, lo que revela la instalación de estructuras de mayor tamaño.
La proyección a corto plazo es de aceleración: uno de los corrales habilitados en Durazno ejecuta actualmente obras para quintuplicar su capacidad individual, lo que implicará en el corto plazo una duplicación de la capacidad instantánea total del departamento.
PRECIOS EN MÁXIMOS HISTÓRICOS
El comercio internacional de carne bovina registró en 2025 una fase de expansión sostenida, con precios en niveles récord para la última década. De acuerdo con datos de Trade Data Monitor (TDM), la valorización del comercio mundial de carne superó los US$ 65.000 millones, marcando un incremento de 9% en términos de valor frente a 2024.
El crecimiento se concretó pese a que el volumen físico total comercializado cayó 2%, manteniéndose por encima de los 10 millones de toneladas (Mt) peso embarque. La divergencia entre caída de volumen y suba de valor impulsó el precio promedio de la tonelada exportada a nivel mundial a US$ 6.295 por tonelada peso embarque (TPE), el más alto del negocio cárnico global en toda la última década.
En ese contexto de alta valorización —con Estados Unidos y China como principales motores del consumo—, Uruguay exhibió un desempeño exportador de fuerte recuperación. El sector cárnico uruguayo generó en 2025 ingresos récord por US$3.296 millones, resultado de la exportación de más de 704.000 TPE al sumar todos los productos del complejo agroindustrial. La carne bovina lideró ese crecimiento con mayor volumen y una sustancial mejora de precios en destinos clave como el bloque USMCA (Estados Unidos, México y Canadá), China y la Unión Europea.

