
La perspectiva de un verano con “buena” disponibilidad de agua puede aumentar la presión de algunas de las principales malezas de la soja en Uruguay. Más flujos de emergencia, crecimiento más rápido y dificultades para ingresar a las chacras después de las lluvias podrían achicar las ventanas de control, en un escenario donde ya hay resistencias a varios grupos de herbicidas, dijo el investigador del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) en el área de malezas, Alejandro García.
Durante una jornada realizada por Bayer en el marco de la presentación de Convintro® Duo, ese investigador realizó una exposición que se concentró fundamentalmente en yuyo colorado y capín, y en la necesidad de combinar la biología de las malezas, la eficacia de los herbicidas y la rotación de cultivos para definir las estrategias de control.
García ordenó el análisis a partir de “tres relojes”: el biológico, que determina cuándo y durante cuánto tiempo emergen las malezas; el de la eficacia, asociado a la duración de los controles y la sostenibilidad de los herbicidas; y el de la rotación, que incorpora el impacto de las decisiones tomadas en soja sobre los cultivos siguientes.
En capín, noviembre aparece como un mes clave para las emergencias. La maleza responde a la acumulación de temperatura cuando dispone de agua y, bajo condiciones de mayor humedad, las emergencias pueden comenzar antes, extenderse durante más tiempo y alcanzar una mayor magnitud.
Para esta campaña, García señaló que las perspectivas climáticas manejadas indican una probabilidad de entre 50% y 60% de precipitaciones superiores a los promedios históricos, por lo que el agua podría no constituir la principal limitante para la emergencia.
En yuyo colorado, la situación presenta algunas diferencias. García explicó que las emergencias comienzan cuando el suelo alcanza aproximadamente 20 °C, tienen su pico alrededor de 30 °C y pueden producirse nuevos flujos después de cada episodio de lluvias durante el verano. “Probablemente tengamos muchos flujos y la pelea sea de largo aliento”, advirtió.
La situación se complejiza porque dentro del complejo de yuyo colorado conviven diferentes especies. Amaranthus hybridus tiende a emerger antes, mientras Amaranthus palmeri y Amaranthus tuberculatus comienzan algo más tarde, ampliando la ventana durante la cual pueden registrarse nuevas plantas en las chacras.
Frente a ese comportamiento, García puso especial énfasis en el papel de los herbicidas preemergentes. Ensayos realizados por INIA partieron de testigos que alcanzaron entre 56 y 60 plantas por metro cuadrado a los 30 días de la siembra y mostraron que diferentes estrategias preemergentes consiguieron controles de entre 90% y 99% hasta el cierre del surco.
Esto no significa que posteriormente no puedan aparecer nuevas plantas. De hecho, con nuevas lluvias se constataron emergencias a los 65 días. El objetivo de los preemergentes es principalmente “comprar tiempo”: controlar los primeros flujos de emergencia y disminuir la presión sobre los herbicidas postemergentes.
El rastrojo también forma parte de esa estrategia y puede contribuir significativamente a reducir las emergencias, dentro de un manejo integrado que no dependa exclusivamente del control químico.
García señaló que las estrategias basadas solamente en postemergencia necesitan habitualmente al menos dos aplicaciones secuenciales para alcanzar buenos controles, además de enfrentar mayores riesgos operativos y de selección de resistencia. Ese último punto constituye una de las principales preocupaciones. Los trabajos realizados por INIA abarcan actualmente 102 poblaciones de Amaranthus provenientes de 13 departamentos.
La mayoría presenta resistencia, con glifosato como una de las herramientas más comprometidas y los inhibidores de ALS prácticamente perdidos para el control de estas poblaciones. A esto se agrega la aparición de resistencia dentro del grupo de los PPO, una señal que García consideró especialmente preocupante porque puede comprometer varias herramientas pertenecientes al mismo mecanismo de acción. La presión comienza a trasladarse, por lo tanto, hacia un número cada vez menor de alternativas.
Dentro de la tecnología Enlist, 2,4-D y glufosinato pasaron a tener un papel relevante en el control postemergente de yuyo colorado. INIA recibió denuncias de controles pobres o erráticos con 2,4-D, aunque hasta ahora los estudios realizados en invernáculo no confirmaron resistencia.
Sí se observó que A. palmeri presenta una tolerancia naturalmente mayor al 2,4-D que A. hybridus, aunque todavía dentro de niveles controlables con las dosis utilizadas. “Por ahora no podemos decir que hay resistencia, pero sabemos que estamos haciendo una presión, que es cuestión de tiempo”, advirtió García.
El tamaño de la maleza resulta determinante. Cuando las plantas de yuyo colorado alcanzan aproximadamente 20 centímetros, el control con 2,4-D comienza a volverse más errático. Un verano húmedo puede dificultar todavía más llegar a tiempo. Con agua disponible, las malezas crecen rápidamente y los diferentes flujos generan poblaciones muy heterogéneas. Además, después de una lluvia puede ser imposible ingresar a una chacra durante cuatro o cinco días.
Ese período puede resultar decisivo. “Cuatro o cinco días de crecimiento a máximas tasas de estas especies generalmente implica que se nos pueden ir del momento óptimo de control”, explicó. Por eso, García consideró que la combinación entre preemergentes y postemergentes será especialmente importante esta campaña, sin dejar todo el peso del control sobre las aplicaciones realizadas después de la emergencia.
En capín, los relevamientos realizados por INIA también muestran señales de alerta. En colectas correspondientes a 2019 y 2020, la mayoría de las poblaciones ya presentaba controles deficientes con glifosato, con las situaciones más complejas observadas en Florida y Colonia y problemas detectados en seis departamentos.
El investigador advirtió además sobre la presión creciente que reciben los graminicidas del grupo 1, utilizados cuando el glifosato deja de controlar adecuadamente capín. Son herbicidas particularmente vulnerables a la selección de resistencia.
El panorama general muestra que varias herramientas tradicionales se encuentran comprometidas o sometidas a una fuerte presión. Frente a eso, García destacó como positivo incorporar mecanismos de acción diferentes a los utilizados habitualmente en soja, porque permiten ampliar las posibilidades de rotación de herbicidas y reducir la dependencia de unos pocos grupos.
Pero la residualidad también tiene una contracara. Los preemergentes deben permanecer activos el tiempo suficiente para controlar las malezas sin generar problemas sobre el cultivo siguiente. García definió esa búsqueda como un equilibrio entre “residualidad útil” y carryover. El comportamiento depende de numerosas variables, entre ellas humedad, materia orgánica, textura y pH del suelo, dosis aplicada e intervalo entre la aplicación y la siembra de un cultivo susceptible, por lo que resulta difícil establecer un número de días o semanas que garantice ausencia de riesgo.
Los problemas pueden intensificarse después de períodos secos, cuando la degradación de determinados herbicidas se enlentece. En ese contexto, García señaló sobre el final de su exposición que productos como Convintro Duo pueden ayudar a ampliar las herramientas disponibles para el manejo, particularmente frente a un escenario en el que varios mecanismos de acción utilizados históricamente están comprometidos por resistencia o sometidos a una presión creciente.
El investigador valoró especialmente la posibilidad de incorporar mecanismos de acción diferentes de los utilizados habitualmente en soja, tanto por su aporte al control de malezas en cada campaña como por su contribución a diversificar el manejo y preservar la eficacia de las herramientas disponibles a largo plazo. En este sentido, Convintro Duo incorpora diflufenican, uno de sus dos ingredientes activos, perteneciente al grupo 12 (inhibidores de la fitoeno desaturasa), cuyo mecanismo de acción no forma parte del manejo tradicional de malezas en este cultivo.
De todos modos, el planteo de García fue que ninguna herramienta debería considerarse de manera aislada. La estrategia debe integrar preemergentes y postemergentes, contemplar los distintos momentos y flujos de emergencia, evitar que las malezas superen el tamaño óptimo de control y considerar tanto la residualidad como el posible carryover sobre los cultivos siguientes.
Para García, el desafío es coordinar los tres relojes: el biológico, para ajustar las intervenciones a la emergencia y al crecimiento de las malezas; el de la eficacia, para sostener el control durante la campaña y preservar las herramientas a largo plazo; y el de la rotación, para elegir herbicidas y momentos de aplicación compatibles con los cultivos siguientes.
Ver Lanzamiento de Convintro Duo (Bayer)




