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Agricultura
Se dejan hasta US$ 120/ha por no alcanzar la proteína que exige el mercado internacional
24 de julio de 2026
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Nota de Revista Verde N° 129

En un mundo donde los niveles de producción agrícola baten récords año tras año, la calidad dejó de ser un diferencial opcional para convertirse en una condición de acceso a los mercados más relevantes. Esa fue la premisa central de la presentación del gerente de granos de Cargill Uruguay y representante de la Asociación de Comerciantes de Granos, Joaquín Basso, en la Jornada de Cultivos de Invierno 2026, organizada por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y la Federación Uruguaya de Grupos Crea (Fucrea).

“La idea es romper el paradigma de que el rendimiento siempre es sinónimo de rentabilidad”, planteó Basso desde el inicio. “Así como ponemos siempre el foco en maximizar los rendimientos de nuestros cultivos, también es muy importante que pongamos el foco en la mejora continua de la calidad. Rendimiento más calidad debería ser la meta de toda nuestra cadena agrícola”, señaló.

En un escenario donde la demanda crece en menor medida que la oferta, los castigos de precio para quienes no cumplen los estándares de calidad son cada vez más severos. Uruguay enfrenta ahí una brecha concreta: su trigo no alcanza los niveles de proteína que los mercados de mayor valor requieren.

EL MAPA DE LA PROTEÍNA

El recorrido por los principales importadores mundiales de trigo deja en evidencia el problema. Japón exige un mínimo de 13% de proteína. Países de Medio Oriente, Nigeria y prácticamente toda la región africana trabajan sobre bases de 12% a 12,5%. Brasil, el principal destino del trigo uruguayo, comercializa sobre una base de 12%. Más abajo en la escala aparecen mercados como la Unión Europea (UE), Argelia, Marruecos, Indonesia y Filipinas, que pueden operar con 11,5%, y en el extremo forrajero están Vietnam o Corea del Sur.

Del otro lado, los principales exportadores del hemisferio norte –Canadá, Estados Unidos, Ucrania y Rusia– abastecen con facilidad todas estas demandas de alta proteína. Argentina y Australia también tienen una paleta amplia para cubrir desde 12,5% hasta forrajero. Uruguay, en cambio, ha quedado históricamente atrapado en la franja de 11% a 11,5%, lo que lo deja afuera de los mercados más exigentes y lo expone a castigos de precio en los destinos que sí puede abastecer.

“El 50% del volumen de trigo uruguayo va con destino a Brasil y terminamos vendiendo trigos de menor proteína a ese destino, con un castigo de calidad importante, que termina repercutiendo en el precio”, explicó el gerente de granos de Cargill Uruguay.

Los únicos momentos en que Uruguay logró colocar trigo en mercados africanos de 12% a 12,5% fueron por circunstancias excepcionales: la cosecha posterior a la última sequía, en la zafra 2023-2024, combinada con la guerra entre Rusia y Ucrania que cerró el flujo del Mar Negro, y problemas simultáneos de producción en Argentina y Brasil. “En contexto normal, Uruguay a todos estos mercados no accede”, dijo Basso.

LA PÉRDIDA EN NÚMEROS

El costo de no resolver el problema de proteína quedó expuesto con precisión. Durante la cosecha anterior la brecha de precio entre trigos de alta y baja proteína llegó a US$ 30 por tonelada. Aplicado al rendimiento promedio uruguayo –en torno a 4.000 kilos por hectárea– se traduce en US$ 120 por hectárea que la cadena dejó de capturar.

“Uruguay podría haber abastecido mercados de 12,5% de proteína, donde Argentina quizás hubiera estado menos competitivo”, señaló Basso. La oportunidad existió, pero la base productiva uruguaya no estaba en condiciones de aprovecharla de manera sistemática.

A eso se suma un efecto indirecto: homogeneizar calidad permite acceder a buques panamax, para destinos asiáticos, en lugar de los handy actuales, con un ahorro en fletes de entre US$ 5 y US$ 15 por tonelada adicionales.

EL CONTEXTO

El escenario descrito por Basso se volvió aún más relevante con la publicación del informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por su sigla en inglés). El organismo proyectó una producción estadounidense de apenas 42 millones de toneladas (Mt) para la campaña 2026-2027, la más baja desde 1972-1973, sustentada en una superficie sembrada de 17,72 millones de hectáreas —la menor desde 1919— y rendimientos muy por debajo de la campaña anterior.

La producción mundial fue estimada en 820 Mt, frente a los 843,84 Mt anteriores, con bajas en todos los grandes exportadores: Rusia de 90,30 a 88 Mt, la Unión Europea de 145,11 a 136 Mt, Australia de 36 a 28 Mt, Canadá de 39,96 a 35 Mt y Argentina de 27,92 a 21 Mt. Las existencias finales mundiales caerían a 275,4 Mt.

Este escenario más ajustado abre ventanas de oportunidad para orígenes alternativos –Uruguay entre ellos–, pero solo si logra ofrecer la calidad que los importadores de mayor valor demandan.

DESAFÍOS Y HERRAMIENTAS

Basso identificó tres frentes de trabajo. El primero es el DON, la micotoxina que directamente cierra mercados. “Cuando tenemos problemas con DON, no es un tema que se resuelve con precio”, advirtió, y llamó a que se continúe trabajando en las tareas de mejoramientos de cultivares.

El segundo frente es la proteína, y la herramienta más accesible es la aplicación tardía de nitrógeno. “En la última zafra vimos que se dejó de utilizar por el costo del nitrógeno y el precio del trigo, y en definitiva es algo que terminó repercutiendo negativamente en toda la cadena”, señaló.

El tercero es institucional: el trabajo de Urutrigo, el grupo formado a partir de INIA y la Mesa Nacional de Trigo, al que Basso exhortó a toda la cadena a apoyar de cara a la próxima ventana de siembra.

CANOLA: CUIDAR EL ESTATUS NO-GMO

La segunda parte de la presentación estuvo dedicada a la colza y la canola, con un análisis centrado en la distinción entre productos GMO (organismos genéticamente modificados, por su sigla en inglés) y no-GMO.

En la UE en torno al 35% de la demanda de canola se destina a consumo humano, en el resto del mundo ese porcentaje se acerca al 100%. El resto de la demanda de la UE va a la producción de biocombustibles. Y si bien ese mercado acepta canola GMO, tiene un descuento importante respecto a la no-GMO, independientemente del destino del aceite o la harina. Con esa particularidad, la UE es el principal demandante mundial de canola no-GMO y el que mejor paga.

“Casi más del 80% del volumen anual de canola que exportamos tiene como destino Europa”, señaló el gerente de granos de Cargill Uruguay. Y el contexto internacional está favoreciendo esa posición. Australia viene sustituyendo aceleradamente su producción no-GMO por GMO, reduciendo la oferta disponible para el mercado europeo. “Estamos observando claramente un contexto donde la oferta de las no-GMO está sufriendo una dificultad”, afirmó.

Los spreads de precio entre canola GMO y no-GMO oscilan habitualmente entre US$ 25 y US$ 85 por tonelada, pero en momentos de tensión llegaron a superar los US$ 140, cuando la guerra comercial entre Canadá y China generó sobreoferta de GMO.

“Claramente el foco de Uruguay tiene que seguir en mantener el estatus de no-GMO,  continuar fortaleciendo el trabajo en inocuidad y sobre los Límites Máximos de Residuos (LMR) para acceder a Europa, como aspectos diferenciales en su producción de canola”, fue la conclusión.

Más allá de eso, Basso identificó otros desafíos. El contenido de aceite es uno. “Cuanto mayor el contenido de aceite, mejor el rendimiento de molienda y mejor posibilidad de acceder a mercados más exigentes”, dijo.

El perfil de ácidos grasos es otro atributo valorado. Hay nichos en Europa que ponderan específicamente la canola uruguaya por esta característica, lo que genera una ventaja competitiva en contextos de sobreoferta, donde los compradores tienen que elegir entre orígenes. También fue mencionado el desafío de crecer en área, en un contexto de restricciones agronómicas de rotación.

CERTIFICACIONES Y NUEVOS CULTIVOS

El cierre de la presentación de Basso estuvo dedicado a las oportunidades de mediano plazo. Las certificaciones de sustentabilidad –ISCC, 2BS, medición de huella de carbono– aparecen como el próximo frente de trabajo para la canola uruguaya, en línea con las exigencias regulatorias en materia de biocombustibles que vienen de Europa y Estados Unidos.

“Si bien hoy no tienen un valor intrínseco, en el mediano plazo las exigencias regulatorias en materia de biocombustibles van a generar oportunidades importantes en torno a esto”, señaló. Y agregó que Uruguay tiene ventajas competitivas para capturarlas. La camelina y la carinata fueron señaladas como cultivos a desarrollar en esa dirección.

“Seguir trabajando en las certificaciones y desarrollando nuevos productos en línea con estos mandatos significan una oportunidad muy relevante para el país”, concluyó el ejecutivo de Cargill Uruguay.

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