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Proyecto Brechas: maíz bajo riego alcanzó 16.500 kg/ha de promedio y superó 18.000 kg/ha con manejo de potencial
12 de octubre de 2026 - 07:00 hs.
Juan Diego Cano_Rutilan

El proyecto Brechas, impulsado por Pioneer en Uruguay, cerró su primera zafra con resultados que mostraron una amplia variabilidad productiva, pero también el margen disponible para acercarse al potencial de los cultivos mediante ajustes de manejo. En maíz bajo riego, el rendimiento promedio alcanzó 16.500 kilos por hectárea, mientras los tratamientos orientados al potencial superaron los 18.000 kg/ha y en algunos puntos llegaron a 20.000 kg/ha.

El ingeniero agrónomo Juan Diego Cano, integrante del Departamento Técnico Comercial de Rutilan, dijo en Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy que el cierre de la zafra 2025/26 permitió completar el primer año del proyecto Brechas en Uruguay, una iniciativa de Pioneer que busca identificar y discutir los factores que explican las diferencias entre los rendimientos obtenidos por los productores y el potencial de los cultivos.

Cano destacó que uno de los principales resultados del proyecto fue generar un ámbito de intercambio entre técnicos, productores e instituciones. Participaron, entre otros, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), la Facultad de Agronomía y Regadores Unidos, además de técnicos provenientes de distintas regiones y sistemas productivos.

“El principal objetivo era lograr un intercambio técnico de calidad, discutir los distintos factores que hacen a la respuesta de rendimiento en los cultivos de maíz y soja”, explicó. Para Cano, reunir diferentes experiencias productivas alrededor de una misma mesa de análisis terminó siendo uno de los principales valores del primer año.

El trabajo comprendió maíz de primera, maíz de segunda, soja de primera, soja de segunda y maíz bajo riego, buscando determinar qué prácticas permiten reducir las brechas de rendimiento en cada sistema.

La campaña 2025/26 agregó un componente especialmente desafiante. La falta de agua afectó tanto a los cultivos de primera como a los de segunda en secano y algunos sitios de Colonia y Soriano atravesaron períodos de sequía severa. Aun bajo esas condiciones, Cano destacó que determinadas combinaciones de ambiente y manejo permitieron alcanzar rendimientos relevantes.

En maíz de primera, el rendimiento promedio se ubicó en torno a 6.500 kg/ha, aunque en los mejores ambientes y con ajustes de manejo se aproximó a 8.000 kg/ha. El cultivo recibió buenas lluvias durante diciembre, pero posteriormente atravesó un enero seco que condicionó su desempeño.

El maíz de segunda enfrentó un escenario todavía más complejo. Uno de los casos analizados en Colonia se implantó después de trigo, con un perfil de suelo con escasa disponibilidad de agua. Las precipitaciones recién comenzaron a recomponerse hacia fines de febrero y, con mayor claridad, durante marzo.

Pese a esas condiciones, el maíz de segunda produjo alrededor de 5.000 kg/ha, con una dispersión muy importante entre ambientes: desde aproximadamente 2.000 hasta 9.000 kg/ha.

“Ese tipo de cultivos antes se moría. Era casi aquello de decir ‘vamos a echarle el ganado’”, comentó Cano, al destacar la capacidad que mostraron algunos materiales y estrategias de manejo para sostener producción bajo un fuerte estrés hídrico.

Los mayores rendimientos aparecieron en los sistemas bajo riego. El promedio general del maíz regado alcanzó 16.500 kg/ha, mientras que en ambientes de alta productividad los tratamientos de potencial superaron los 18.000 kg/ha.

El modelo de simulación utilizado por el proyecto ubicaba el potencial próximo a 20.000 kg/ha, un nivel que efectivamente apareció en determinados puntos de los mapas de rendimiento. “Cuando uno mira el mapa de rendimiento encuentra puntos en 20. Pero, como tratamiento en sí, los mejores andaban en 18 toneladas”, explicó Cano.

Una de las particularidades de Brechas es que no busca exclusivamente determinar el máximo rendimiento agronómico. La metodología compara tres estrategias: el manejo realizado por el productor, un manejo orientado al potencial y un manejo de acercamiento de brechas, que procura reducir la distancia entre ambos.

En el tratamiento de potencial se incorporan más insumos con el objetivo de llevar el cultivo hacia su techo productivo. En cambio, la estrategia de Brechas intenta seleccionar aquellas intervenciones que permitan capturar una parte de ese rendimiento adicional manteniendo el foco económico.

“Buscamos levantar el rendimiento, pero mejorando el margen bruto. Desde el punto de vista de una empresa no sirve levantar rendimiento sin mejorar margen”, afirmó Cano.

De esta forma, cada decisión de manejo es evaluada no solamente por su respuesta física, sino también por el costo necesario para obtenerla. El objetivo es determinar qué combinación permite utilizar los recursos de manera más eficiente y convertir una mayor productividad en un mejor resultado económico.

Cano señaló que esta discusión adquiere particular importancia en Uruguay por la heterogeneidad de los sistemas agrícolas. La diversidad de rotaciones, cultivos de primera y segunda, antecesores, tipos de suelo y limitantes nutricionales obliga a ajustar las decisiones a cada ambiente.

“Tenemos un nivel técnico excelente. Estamos obligados como técnicos a buscarle la vuelta a nuestro sistema”, señaló. Uruguay no se encuentra entre las regiones agrícolas con mayores potenciales naturales del mundo, sostuvo, pero consiguió desarrollar una agricultura competitiva adaptando las estrategias a sus condiciones.

El intercambio se produjo durante todo el ciclo, particularmente en los momentos en que era necesario tomar decisiones de manejo. Cano destacó especialmente las actividades a campo, donde los técnicos podían observar directamente los cultivos y discutir las alternativas sobre cada situación concreta.

Concluida la primera experiencia, el proyecto Brechas continuará durante la zafra 2026/27, aunque con algunos cambios. Esta vez el trabajo estará concentrado en maíz y se desarrollará en dos localidades, una en el sur del país y otra más al norte.

También cambiará la organización de los equipos técnicos. Durante el primer año se conformaron grupos según los sistemas de producción, reuniendo profesionales provenientes de diferentes zonas. En la nueva etapa se organizarán por región para aumentar la cantidad y frecuencia de las actividades de campo.

“El concepto o el espíritu no cambia, es el mismo”, afirmó Cano. La experiencia del primer año permitirá ajustar el diseño, mientras Pioneer y Rutilan mantendrán la participación de instituciones y técnicos con el objetivo de profundizar la discusión sobre cómo reducir las brechas de rendimiento sin perder de vista la rentabilidad de cada decisión.

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Juan Diego Cano - Rutilan - 12-10-26 - verdemedia

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