
La verificación FSA (Farm Sustainability Assessment) evalúa a los productores mediante un checklist de respuestas “afirmativas o negativas”, con tres niveles posibles según las exigencias de cada mercado: bronce, plata u oro. Así lo señaló la coordinadora de certificaciones de Peterson Solutions, Constanza Pérez, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy, en el marco de la jornada: Sostenibilidad, de exigencia a condición, organizada por Malteria Oriental (Mosa).
El esquema tiene una “pata ambiental y agronómica”, vinculada al cuidado del agua y el suelo, y a las recetas fitosanitarias y agronómicas del establecimiento. También incluye una dimensión social, con capacitaciones, “ausencia de trabajo infantil” y salarios “justos”, y una dimensión legal, referida al cumplimiento de distancias de aplicación y documentación del predio.
Pérez destacó que el certificado tiene una vigencia de tres años, sin necesidad de nuevas visitas a campo si se mantiene el nivel obtenido inicialmente. «Eso es bastante beneficioso porque en otras certificaciones hay que molestar al productor todo el año para entrar al establecimiento», dijo. Durante ese período solo se consultan datos de gestión, como volúmenes producidos.
La ejecutiva precisó que el esquema es multicultivo y puede aplicarse a distintas producciones de un mismo establecimiento, siempre que compartan una dinámica similar. «Podemos incluir cualquier cultivo que tengamos en el campo», señaló. Y agregó que esto permite obtener una visión integral de la sustentabilidad de todo el campo.
En el caso de la cebada destinada a Mosa, Pérez indicó que la trazabilidad se sigue desde el origen del grano hasta la planta, y que Mosa debe justificar ante sus propios mercados la procedencia de esos volúmenes.
Sobre las dificultades del proceso, la coordinadora sostuvo que “lo más sencillo” es ordenar y documentar prácticas que los productores ya aplican, mientras que el “mayor obstáculo” suele ser la falta de coordinación interna. Por eso, la profesional recomendó designar un responsable de sustentabilidad que articule entre el campo y la gestión documental.
Pérez explicó que el sello FSA no aparece en la góndola del producto final, sino que certifica el origen sustentable de la materia prima. El esquema nació en 2014 impulsado por empresas como Danone, Unilever y Nestlé, que buscaban un “lenguaje común” de sustentabilidad aplicable a múltiples cultivos. Actualmente se utiliza en más de 150 productos y cuenta con más de 180.000 productores certificados a nivel global.
Según Pérez, la demanda por FSA responde en “gran” medida a las cadenas de esas “grandes” empresas, que exigen certificación completa a sus proveedores, aunque también varía según tendencias de mercado. En su país de origen, Argentina, la certificación tiene “fuerte” presencia en cebada.




