
Agroterra hizo una gira por los estados de Nebraska, Iowa e Illinois para ver el manejo de soja y maíz, visitó una universidad y recorrió un centro de investigación de Bayer.
La disciplina en cada labor, en el momento adecuado, aparece entre las principales fortalezas de la agricultura de Estados Unidos, destacó el gerente comercial de Agroterra, Gonzalo Reynoso, luego de una gira por Nebraska, Iowa e Illinois. Aunque en la periferia del cinturón maicero los cultivos estaban por debajo de años anteriores, las áreas centrales mostraban buenas condiciones.
Lo que volvió a sorprender fue la precisión con la que trabajan los productores. Conocen el rendimiento que pueden perder por retrasar una labor y organizan su operativa en ventanas de tiempo muy ajustadas.
La especialización facilita ese proceso. Muchos predios se concentran en soja o maíz y realizan un solo cultivo por año. La delegación de Agroterra visitó a un agricultor que siembra 3.600 hectáreas de maíz en ocho días, con sectores sembrados a 16 kilómetros por hora.
“La operación es casi perfecta. El parque de maquinaria es sobredimensionado para la misma escala en Uruguay”, indicó. Los equipos monitorean siembra en tiempo real y permiten corregir problemas de profundidad, contacto con el suelo y la distribución entre semillas.
La preparación comienza mucho antes de que la sembradora ingrese al campo. Los barbechos, laboreos y fertilización se planifican para llegar con el suelo en las mejores condiciones. Reynoso dijo que en los 2.500 kilómetros recorridos prácticamente no vio surcos tapados, ni fallas de implantación, y que le sorprendió el nivel de logro y homogeneidad de los cultivos que luego son los que levantan los promedios.
DRENAJE PARA AMPLIAR LAS VENTANAS
El 50% del área agrícola de Iowa cuenta con sistemas de drenaje de agua subsuperficial en grandes zonas de depresión del terreno, que evitan el estancamiento y permiten ingresar antes a los campos, menor compactación y más oxígeno para el desarrollo radicular.
“Se suman: la preparación del suelo en el largo plazo y un sistema de terrazas planas para sembrar en campos con pendientes, el trabajo de corto plazo con la preparación de los barbechos inmediatamente de la cosecha, antes de la nieve, y la eficiencia operativa al momento de sembrar”, explicó. El resultado son cultivos con una implantación sin errores, muy próxima a la población objetivo.
Reynoso consideró que Uruguay avanzó en tecnología de maquinaria, control de profundidad y distribución de semillas, pero todavía le falta la precisión del cultivo, que resulta en mirar aún más al suelo, cómo prepararlo a mediano y largo plazo para ejecutar la operación y alcanzar el logro buscado.
En la Universidad Estatal de Iowa, la delegación intercambió información sobre fertilización. Allí los productores suelen aplicar fósforo y potasio para cubrir dos campañas –alternan uno por año–, mientras que el nitrógeno se incorpora en dos momentos del año, mayoritariamente inyectado al suelo.
La experiencia uruguaya con teledetección, índices verdes y biomasa para ajustar el nitrógeno más tardíamente fue bien valorada. “Nos dijeron que estamos muy bien orientados, tanto para explotar el potencial del cultivo como por su impacto ambiental”, comentó.
AGUA, MALEZAS Y MAÍCES ENANOS
La gira incluyó la visita a un centro de Bayer en Nebraska, enfocado en mejorar la eficiencia del uso del agua. En períodos de escasez, la antigüedad de los permisos determina la prioridad para regar, por lo que se estudia cuándo una restricción hídrica provoca menores pérdidas, para mejorar la eficiencia del uso del agua.
Reynoso consideró que esa información puede ser muy útil para los sistemas uruguayos que priorizan el riego del maíz y luego trasladan los pivot a soja de segunda.
El centro también trabaja en control de malezas problemáticas, como Amaranthus, y evalúan tecnologías en soja, como Vyconic, tolerantes a herbicidas con cinco modos de acción: glifosato, glufosinato, 2,4D, dicamba y mesotrione, siempre dentro de un manejo recomendado, que se realiza sobre la base del uso de preemergentes.
Otra línea de investigación son los maíces enanos de segunda generación, en los que el acortamiento del entrenudo se distribuye proporcionalmente en toda la planta –antes solo lo era hasta la inserción de la espiga–.
Estos nuevos materiales mantienen la espiga a una altura más adecuada para la cosecha, alcanzan rendimientos equivalentes a los maíces tradicionales y desarrollan hasta 30% más raíces. Además de mejorar la estabilidad con atributos como el vuelco de plantas, su menor altura facilita el ingreso de maquinaria durante etapas más avanzadas del cultivo para hacer manejos más precisos.




