
Un nuevo fenómeno de capitales de Brasil que invierten en la adquisición de campos agropecuarios en Uruguay tiende a consolidarse, debido a –entre otros motivos– cambios tributarios en el país norteño. Desde el mercado brasileño esta situación es advertida como una “decisión estratégica» y “no implica una fuga”.
“El aumento de la participación brasileña en el mercado de tierras uruguayo debe entenderse como parte de una estrategia patrimonial internacional”, sostuvo el operador brasileño Daniel Meireles, socio-director de Acres Inmobiliaria Rural.
A la compra de algo menos de 20.000 hectáreas que realizó este año la empresa BrasPine, del sector maderero y forestal, al fideicomiso forestal Bosques del Uruguay, recientemente se sumó otra compraventa de campos por parte de empresarios del país norteño.
En este nuevo negocio la Sociedad de Fomento Rural de Colonia Valdense (Sofoval) resolvió la venta de un grupo de cinco padrones rurales con una extensión total de casi 3.000 hectáreas, ubicado en el departamento de Rivera, por un monto de US$ 12,5 millones, según datos a los que accedió VERDE.
Señalan que la parte compradora de ese inmueble rural es la firma Fazenda Santa Maria SAS, propiedad de capitales brasileños. Y considerando esos datos, el precio por hectárea correspondiente a dicha transacción de tierras fue de US$ 4.343.
En 2024 Sofoval compró esas tierras riverenses que en conjunto comprenden 2.878 hectáreas, luego de concretar la venta de campos que tenía en otros departamentos del país, según lo informado en su momento durante una asamblea de la gremial valdense.
Sofoval es una empresa de agronegocios con perfil cooperativo, que desarrolla sus actividades productivas –principalmente la producción agrícola, entre otras– en el departamento de Colonia, que es su zona de influencia, pero también opera en otros departamentos cercanos.
Apetito inversor
Estos negocios se registran en un contexto de promoción y fomento de inversiones por parte del gobierno de Uruguay, que pretende atraer capitales para nuevos proyectos, que generen empleo y desarrollo en diferentes zonas del interior del país.
En este sentido, a su regreso de un encuentro con empresarios de primera línea de San Pablo, realizado en los primeros días de mayo en Brasil, el presidente de la República, Yamandú Orsi, declaró a la prensa que “ya hay varias inversiones” de capitales brasileños en Uruguay, en diferentes sectores de la economía. Y sin especificar si se trata de inversiones realizadas en la actividad agropecuaria o en el sector industrial, el presidente uruguayo hizo referencia a una situación a la que es preciso prestarle atención.
Además, en esta oportunidad Orsi se mostró optimista respecto a la posibilidad de concretarse nuevos planes de inversión desde ese origen, para lo cual se analizaron varias alternativas con potencial de captar el interés del empresariado brasileño.
Esa gestión de Orsi, quien estuvo acompañado por el canciller Mario Lubetkin, el ministro de Economía, Gabriel Oddone, y representantes de Uruguay XXI, dejó señales concretas de “apetito inversor” brasileño hacia Uruguay, tanto en el sector productivo como en el de personas físicas que buscan alternativas de “relocalización”.
Así lo destacó a VERDE el contador Marcos Soto, decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Católica del Uruguay, quien participó de las reuniones en Brasil.
Valoró que la asistencia de empresarios brasileños a los encuentros fue un indicador claro de interés. “Empresarios que dejan sus actividades un día y van a escuchar dos o tres horas sobre Uruguay marcan que hay apetito por las condiciones que ofrece nuestro país”, analizó el académico.
Soto identificó dos columnas vertebrales de ese interés. La primera es el sector empresarial, con foco en la vertical agroindustrial y productiva —donde Brasil tiene un perfil complementario al uruguayo—, la industria frigorífica, el sector maderero y los servicios globales y exportación de software.
La segunda es el segmento de personas físicas y familias de “alto patrimonio”, que buscan “relocalizarse”, atraídas por el tax holiday (vacacionales fiscales en inglés) uruguayo, que exonera de impuestos las rentas de activos en el exterior durante los primeros años de residencia, en contraste con las modificaciones tributarias que Brasil implementó el año pasado, que gravan más esas mismas rentas.
“Se habla de 60 a 70 familias por mes solo en una institución intentando tramitar la residencia fiscal en Uruguay; son personas que llegan, compran inmuebles y generan dinamismo”, afirmó.
Como fortalezas de Uruguay en los mano a mano con empresarios, Soto destacó la transparencia, la estabilidad y la previsibilidad de las reglas de juego. Con honestidad, también transmitió el mensaje del ministro Oddone: “Uruguay es un país caro; no es para ir a especular, es para invertir y esperar que un proyecto madure”.
En cuanto a las oportunidades, el decano de la Escuela de Negocios de la UCU señaló tres: la burocracia y el exceso de papeleo, la falta de digitalización y un sistema financiero “arcaico”, que no facilita el acceso al crédito al sector productivo.
Ilustró el problema con el caso de un productor brasileño con una cabaña equina en Uruguay, cuya lista de permisos para exportar un ejemplar resultó disuasoria. “Esas situaciones desestimulan, pero el desestímulo no es parálisis; hay una apertura muy relevante del gobierno para identificar redundancias y papeleos absurdos”, advirtió.
Temor y desembarco
En referencia a este fenómeno de la compra de campos por parte de brasileños, y la incidencia del factor político en este asunto, el vicepresidente de la Cámara Uruguaya de Inmobiliarias Rurales (CUIR), Rodolfo Victorica, dijo a VERDE que “han venido y están viniendo brasileños por un contexto político” en su país, vinculado a “temas impositivos”.
Estos capitales “desembarcaron principalmente en los departamentos de Rivera y Cerro Largo”, donde “compraron bastante tierra para lo que es nuestro mercado”, indicó.
Comparó que, al igual que “en otros años fueron argentinos quienes compraban, y luego algunos chilenos, ahora es el momento de los brasileños”, algo que tiende a repetirse, considerando que en otras décadas, como en los 90, se registraron olas de compras de tierras por parte de capitales de Brasil.
Comentó además que estos negocios se concretan en un mercado local de tierras que “sigue movido, se hicieron transacciones grandes de campos y eso que hay poca oferta”, y “hay interés y compra de extranjeros” de varios países y “también inversionistas uruguayos”.
Otro directivo de CUIR, Ignacio Victorica, coincidió con su colega al señalar que en Brasil “hay un temor respecto a lo que pueda hacer el sector político en cuanto a impuestos y a temas con la tierra”, que “parecen complicados”.
“Hay un runrún de que la inversión que está viniendo desde Brasil tiene un factor político atrás, que es bastante importante”, dijo.
Confirmó que en los últimos meses hubo algunos negocios de compraventas de tierras con una “importante cantidad de hectáreas en los que han invertido brasileños”, como el caso de un empresario que “compró tres campos” y de otros que adquirieron “algo más de 3.000 hectáreas en el norte”, y también hubo una transacción por “unas 2.500 hectáreas”.
Estas operaciones involucraron a “buenos campos”, y de “buenos valores”, y que van en línea con esta situación en la que “los brasileños han estado bastante participativos, en las compras”, enfatizó.
Respecto al mercado y los precios, este directivo de la CUIR comentó que los valores en general están “muy firmes”, principalmente los “campos agrícolas y los forestales-ganaderos y forestales”, y se da una situación en la que “los precios se han consolidado”.
“Con los ingredientes de cada negocio, los campos ganaderos y los agrícolas, incluso los más chicos en extensión para destino turístico en el este o cerca de Colonia, también tienen precios excelentes”, sostuvo.
En los últimos 25 años el total de la extensión de tierras vendidas por propietarios brasileños en Uruguay fue de 311.000 hectáreas, y la cantidad comprada por capitales de Brasil fue de 192.000 hectáreas, según datos de Estadísticas Agropecuarias del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca.
Esa información corresponde a los casos en los que se logró identificar la nacionalidad de los actores, considerando que la mayor participación en estos negocios es de sociedades anónimas, u otras condiciones jurídicas en las que no se explicita el origen del titular del inmueble rural.
Una de las compraventas de tierras que generó mayor impacto en el mercado uruguayo de campos en este año fue la que realizó BrasPine, mediante una empresa representante en Uruguay, al comprar cerca de 20.000 hectáreas al fideicomiso forestal Bosques del Uruguay, según informó Agro de Búsqueda en febrero.
Los registros del Instituto Nacional de Colonización (INC) indican que en este negocio la compradora fue Paitone SAS, representada por Giovani Simoes Pires Giacomet, quien es el director de estrategia y desarrollo de Braspine Madeiras, y Pedro Enrique Pinilla Saavedra, director industrial de esa misma empresa.
El monto de la compraventa fue de US$ 171,3 millones, lo que significó un precio por hectárea de US$ 9.000, y de la extensión total de 18.800 hectáreas, hay prácticamente 15.000 hectáreas con plantaciones forestales, específicamente de las especies eucaliptus y pino.
El 30 de diciembre de 2025 el Poder Ejecutivo autorizó a Paitone SAS a adquirir y explotar cuatro inmuebles rurales ubicados en los departamentos de Rivera y Tacuarembó, según consta en resolución firmada por el ministro de Ganadería, Alfredo Fratti, y la vicepresidente Carolina Cosse, en ejercicio de la Presidencia de la República.
Indica que los padrones rurales autorizados no son los mismos que los comprados por esa firma en este negocio más reciente, lo cual puede verificarse al cotejar la información de la base de datos del INC.

