
Las condiciones de alta humedad, varios días consecutivos con las espigas mojadas y temperaturas favorables para el desarrollo de la enfermedad elevaron significativamente el riesgo de fusariosis de la espiga en trigo. El escenario comenzó a consolidarse primero al norte del río Negro, pero durante la última semana se extendió hacia el litoral, centro y sur del país, alcanzando prácticamente toda el área cerealera.
El ingeniero agrónomo Esteban “Tato” Hoffman, director general de Unicampo Uruguay, dijo en Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy que el norte del país acumula más de 10 días con condiciones predisponentes y alrededor de una semana con un escenario de riesgo particularmente elevado.
La advertencia surge a partir de las estimaciones de DON elaboradas por INIA GRAS e Inumet. Los mapas correspondientes a las fechas de espigazon de estos días muestran amplias zonas con valores elevados, asociados a condiciones ambientales favorables para la ocurrencia de fusariosis y la posterior presencia de deoxinivalenol (DON).
“Hace seis o siete días que las condiciones son altamente predisponentes para toda el área. Tenemos temperatura suficiente, horas de espiga mojada, muchos días nublados, lloviznas y lluvias persistentes”, explicó Hoffman.
La situación comenzó antes en el norte. Desde aproximadamente el 25 de septiembre los modelos ya mostraban condiciones de riesgo en esa región, pero a partir del 7 y 8 de octubre el escenario comenzó a extenderse hacia prácticamente toda el área triguera.
“El riesgo alto está de río Negro al norte hace por lo menos 10 días. Las condiciones han sido tremendamente favorables”, sostuvo. Posteriormente, agregó, “empezó a abarcar toda la zona litoral y la zona centro”, generando un período de alto riesgo mucho más generalizado.
La fusariosis de la espiga, conocida también como “golpe blanco”, es una de las enfermedades más relevantes del trigo y su impacto negativo no se limita solo al rendimiento. Puede afectar la calidad física e industrial del grano y, fundamentalmente, generar problemas de inocuidad por la producción de DON.
En Uruguay, Fusarium graminearum es el principal agente causal y el DON la micotoxina de mayor relevancia asociada a la enfermedad. La normativa establece un límite máximo de 1 parte por millón (ppm) de DON en harinas y subproductos destinados al consumo humano. En general, niveles de hasta 2 ppm en granos de trigo pueden manejarse a nivel industrial para cumplir posteriormente con los límites establecidos para harina.
El problema de esta campaña es la coincidencia entre las condiciones ambientales favorables para la enfermedad y una importante concentración de cultivos atravesando la floración, que constituye la ventana de mayor susceptibilidad.
Hoffman explicó que la primera herramienta de manejo comienza mucho antes de que aparezca el riesgo: evitar cultivares muy susceptibles y procurar que las floraciones no queden excesivamente concentradas en un mismo período.
“Esto es una enfermedad que se concreta en floración. “Si el cultivo no está espigado y florecido, no pasa nada”, señaló. El problema es que este año la siembra se realizó en buenas condiciones y de manera bastante concentrada, lo que también terminó agrupando buena parte de las floraciones hacia fines de septiembre y principios de octubre.
Cuando el cultivo ya ingresó en esa etapa y aparecen condiciones ambientales de alto riesgo, las posibilidades de intervención se reducen. A diferencia de las enfermedades foliares, donde pueden utilizarse niveles de incidencia o severidad para definir una aplicación, frente a la fusariosis el tratamiento con fungicidas debe realizarse de manera preventiva.
Hoffman remarcó que existen diferencias importantes entre los principios activos y advirtió especialmente sobre “evitar” el uso de productos que contengan estrobilurinas.
“Es muy importante evitar usar fungicidas que tengan estrobilurinas”, afirmó. Señaló que existe información generada en Uruguay sobre el impacto negativo de su utilización durante la floración ante situaciones de fusariosis. Las herramientas utilizadas para el control se apoyan principalmente en triazoles y combinaciones de estos principios activos.
Pero la actual situación climática introduce otra dificultad: las mismas condiciones que favorecen a la enfermedad están complicando el ingreso a las chacras.
En el norte, Hoffman señaló que existen numerosos lotes encharcados o con barro donde resulta imposible trabajar con equipos terrestres. Esto adquiere especial relevancia porque la calidad de aplicación es determinante para alcanzar la espiga con una cobertura adecuada.
Los fungicidas disponibles “están lejos de ser 100% eficientes”, advirtió, por lo que para maximizar su desempeño se necesitan buenos volúmenes de agua y una aplicación capaz de mojar correctamente la espiga. Los equipos terrestres, con volúmenes adecuados y configuraciones específicas de picos, ofrecen ventajas para alcanzar ese objetivo.
Sin embargo, ante la imposibilidad de ingresar a algunas chacras, la demanda de aplicaciones aéreas aumentó y los aviones disponibles están trabajando con una elevada carga de actividad. Al mismo tiempo, algunos productores comenzaron a recurrir a drones.
Hoffman planteó cautela sobre esta alternativa por los bajos volúmenes de agua utilizados y consideró necesario analizar técnicamente si el tamaño y la distribución de las gotas permiten alcanzar la cobertura requerida sobre la espiga. Sugiere consulta a refertes de INIA y Facultad de agronomía.
El momento de aplicación resulta determinante. Como referencia, mencionó tratamientos realizados cuando aproximadamente 70% a 80% de la espiga están afuera y al menos entre 20% y 30% de las espigas se encuentran florecidas. Cuanto más preciso sea el momento y mejor la calidad de aplicación, mayores serán las posibilidades de reducir el impacto.

El riesgo, además, no está solo limitado al trigo. Unicampo Uruguay viene observando en esta campaña una elevada frecuencia de espigas de cebada con anteras expuestas, condición que aumenta su susceptibilidad a la infección.
Normalmente la cebada presenta menores problemas porque la floración ocurre protegida dentro de las estructuras de la espiga. Sin embargo, este año se detectaron numerosas chacras con exposición de anteras, que constituyen una vía de entrada para el hongo.
“Para mucha gente está muy seteado como un problema del trigo, pero la cebada también tiene problemas con Fusarium y con la toxina DON”, advirtió Hoffman.
El escenario deberá seguirse durante los próximos días. La fusariosis tiene una ventana relativamente corta para la infección, por lo que la evolución del tiempo y el momento fenológico de cada chacra determinarán finalmente la magnitud del problema.
“Hace tiempo que no vemos estos mapas tan parejos y tan rojos y que abarcan a todo el país”, señaló Hoffman. Y aunque aclaró que el mapa no pronostica la ocurrencia de la enfermedad en una chacra determinada, enfatizó que las condiciones ambientales para su desarrollo están dadas hacia días en una vasta área.




