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Agro uruguayo enciende luces amarillas: cinco factores presionan su competitividad
5 de noviembre de 2026 - 10:12 hs.
Marcos Carrera 2_07082026

El agro uruguayo atravesó un proceso de crecimiento y transformación durante los últimos 25 años, que lo posicionó como uno de los principales motores de la economía nacional. Sin embargo, ese desarrollo estuvo acompañado por un encarecimiento significativo de los costos de producción medidos en dólares, que plantea nuevos desafíos para las actividades exportadoras. El tipo de cambio, los insumos y la energía, los costos laborales, la tierra y la inflación constituyen cinco factores de preocupación, a los que se suma el déficit fiscal y sus posibles efectos sobre la competitividad.

El socio fundador de Portus, Marcos Carrera, dijo en Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy que el crecimiento del sector agropecuario respondió a diferentes factores, con dinámicas particulares en cada actividad, y generó efectos “positivos” sobre el conjunto de la economía.

No obstante, el empresario advirtió que Uruguay también atravesó un proceso de encarecimiento relativo que afecta especialmente a los sectores que producen bienes destinados a la exportación. “Lo que ha visto Uruguay, y sobre todo la producción primaria, es un encarecimiento relativo en este período de tiempo y una pérdida de competitividad”, señaló.

En su análisis, publicado también en el artículo Las luces amarillas para el agro uruguayo, Carrera distinguió entre el encarecimiento asociado al propio crecimiento económico y las presiones derivadas de las condiciones macroeconómicas. Sostuvo que el aumento de las exportaciones genera un “mayor” ingreso de divisas, que puede traducirse en “mejores” ingresos y “más” demanda interna.

En una economía con “escaso” crecimiento poblacional, ese proceso tiende a presionar sobre los precios de los bienes y servicios locales. Sin embargo, el empresario consideró que no todo el aumento de los costos puede atribuirse al crecimiento económico, por lo que identificó cinco factores que requieren especial atención.

El dólar y los costos internos

El primer factor es el tipo de cambio y su relación con los costos de producción. Carrera explicó que una parte importante de los gastos de las empresas agropecuarias corresponde a bienes y servicios locales, cuyos precios se fijan en pesos uruguayos.

Cuando esos costos aumentan y el dólar permanece relativamente bajo, los exportadores necesitan destinar una mayor proporción de sus ingresos para cubrir los mismos gastos. “Todas nuestras mercaderías exportables se exportan en dólares. Recibimos dólares, pero esos dólares compran cada vez menos cosas”, indicó.

El especialista también vinculó el comportamiento cambiario con las necesidades de financiamiento del Estado y las emisiones de deuda en moneda nacional. Según su interpretación, cuando inversores extranjeros adquieren títulos en pesos deben vender dólares, aumentando la oferta de divisas en el mercado local.

“Cuando se hacen las emisiones de deuda, tiende a pinchar el tipo de cambio”, afirmó. Carrera mencionó necesidades de financiamiento público próximas a US$ 6.000 millones para 2026 y US$ 6.100 millones para 2027, y planteó que la forma en que se cubren esas necesidades puede tener consecuencias sobre las condiciones macroeconómicas.

Insumos y energía

El segundo factor está relacionado con los insumos agrícolas y los costos energéticos. Los precios de fertilizantes, agroquímicos y combustibles experimentaron importantes fluctuaciones desde los máximos de 2022. Aunque algunos valores se estabilizaron, continúan teniendo un peso relevante en la ecuación económica de las empresas.

En cultivos como soja y maíz, Carrera advirtió que los márgenes pueden depender de rendimientos elevados o de condiciones comerciales favorables para alcanzar resultados positivos. A esto se suma el costo de la electricidad y los combustibles, que incide sobre el riego, las labores agrícolas, el transporte y la actividad industrial.

El especialista reconoció la transformación de la matriz energética uruguaya y el aumento de la participación de fuentes renovables, pero señaló que el costo final de la energía sigue siendo un componente importante de la competitividad.

Mano de obra y seguridad social

El tercer factor es la evolución de los costos laborales, incluyendo salarios, aportes a la seguridad social y otros beneficios. Carrera destacó que el crecimiento de los salarios reales constituye un avance desde el punto de vista social, aunque también representa un incremento de los costos para las empresas. “No le estoy poniendo un juicio de valor. Es simplemente un aspecto práctico”, aclaró.

El efecto es especialmente relevante en actividades intensivas en mano de obra y en empresas que compiten internacionalmente con productores de países que presentan estructuras de costos diferentes. Para Carrera, el problema no es únicamente el aumento salarial, sino su evolución frente a los precios internacionales de los productos y al tipo de cambio.

Tierra y arrendamientos

El cuarto elemento es la valorización de la tierra y el aumento de los arrendamientos. Durante las últimas décadas, Uruguay recibió inversiones que contribuyeron a “elevar” el valor de los activos agropecuarios.

Ese proceso fortaleció el patrimonio de los propietarios, pero también incrementó el costo de acceso a la tierra y las exigencias de rentabilidad para quienes desarrollan actividades productivas. En agricultura y ganadería, el valor de los arrendamientos constituye una variable importante para determinar los márgenes, especialmente en períodos de precios internacionales menos favorables o rendimientos afectados por el clima.

Inflación y competitividad

El quinto factor es la inflación y su incidencia sobre los costos internos. Carrera reconoció que Uruguay logró mantener la inflación en niveles relativamente “moderados” en comparación con otros países de la región.

Sin embargo, el empresario explicó que una “desaceleración” inflacionaria no significa que los costos hayan disminuido, sino que continúan aumentando a un ritmo menor. Para las empresas, lo determinante es cómo evolucionan sus costos frente a los precios que reciben por sus productos y frente a los costos de sus competidores.

En ese sentido, el especialista destacó que los productores uruguayos tienen escasa capacidad para modificar los precios internacionales de los bienes que exportan. “Tomás el precio del mercado, no tenés espacio de fijación ninguno. Entonces tu carrera es por los costos”, afirmó.

El déficit fiscal y el costo del Estado

Más allá de los cinco factores, Carrera identificó al déficit fiscal como uno de los desafíos “estructurales” que Uruguay debe abordar. En su análisis, las necesidades de financiamiento del sector público pueden generar presiones macroeconómicas que inciden sobre el tipo de cambio y las condiciones del crédito.

Consideró que, además de las iniciativas orientadas a simplificar trámites y mejorar procesos, la discusión sobre competitividad debería incorporar el gasto público, la sostenibilidad de las cuentas fiscales y el sistema de previsión social.

“Es un factor controlable. Que sea difícil de controlar no quiere decir que no sea controlable”, sostuvo al referirse al déficit fiscal. Carrera planteó que avanzar en estos temas podría contribuir a generar condiciones para una reducción sostenible de la carga impositiva y una mejora de la competitividad.

Uruguay conserva ventajas importantes

Pese a las advertencias, el socio fundador de Portus destacó que Uruguay conserva fortalezas que lo diferencian en la región. Entre ellas mencionó la libre circulación de capitales, las condiciones que favorecen la inversión, los niveles de empleo, el crecimiento de los salarios reales, la inflación relativamente controlada y una matriz eléctrica con alta participación de fuentes renovables.

Consideró que el desafío consiste en preservar esos atributos y, al mismo tiempo, atender los factores que encarecen la producción. También, el empresario advirtió que el aumento de la productividad, aunque fundamental para mejorar los resultados, no siempre alcanza para compensar el crecimiento de los costos internos.

El planteo central de Carrera es que los avances productivos y exportadores de los últimos 25 años no garantizan por sí solos la competitividad futura. “Las luces amarillas están encendidas. No se trata de desconocer lo que hemos logrado, sino de entender que el crecimiento pasado no garantiza la competitividad futura”, advirtió en su análisis.

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Marcos Carrera - Portus - 5-11-26

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