
La planificación de la zafra forrajera 2027 comienza con el desafío de “corregir” los problemas de implantación y productividad registrados este año, especialmente en el norte y noreste del país. El asesor de empresas ganaderas, Diego Giorello, señaló que una pastura bien aprovechada puede generar entre US$ 700 y US$ 800 de margen bruto por hectárea, considerando únicamente sus costos directos, aunque el resultado depende de la producción de forraje, la eficiencia de pastoreo y la categoría animal utilizada.
Giorello dijo en Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy que la planificación debería comenzar con un diagnóstico de las chacras que presentaron “dificultades” durante 2026, para definir las estrategias de manejo de la próxima campaña.
En el norte y noreste, Pyricularia afectó las promociones de raigrás y los verdeos de invierno, favorecida por las temperaturas elevadas, la humedad y las noches cálidas registradas durante el otoño. A esa situación se sumó la presencia de malezas anuales invernales, principalmente poa, vulpia y gaudinia, que comprometieron la implantación y el desarrollo inicial de las pasturas.
El asesor explicó que la estrategia frente a Pyricularia debe combinar la elección de cultivares y el retraso de la siembra hacia mediados de abril o fechas posteriores, buscando evitar la exposición de las plántulas a las condiciones más favorables para la enfermedad.
Para las chacras con elevada presencia de malezas, Giorello recomendó aprovechar la historia del potrero, permitir una primera “emergencia” de las poblaciones problemáticas, realizar su control y posteriormente implantar la pastura.
Verdeos, praderas o promociones de raigrás
Giorello distinguió tres “grandes” alternativas para la planificación forrajera: las praderas permanentes, los verdeos anuales y las promociones de raigrás. La elección debe responder a las necesidades de cada sistema ganadero y a la distribución estacional del forraje que se pretende obtener.
En establecimientos que necesitan fortalecer la oferta de otoño y primavera, las praderas con festuca pueden ocupar un lugar importante. Sin embargo, advirtió que al norte del río Negro aumenta el riesgo de pérdida de plantas durante veranos restrictivos.
Cuando el principal déficit de alimento se concentra en invierno, el raigrás adquiere mayor relevancia. Las promociones de esta especie también permiten cubrir superficies extensas mediante siembras al voleo, reduciendo la dependencia de equipos de siembra en línea.
El asesor destacó que las pasturas cultivadas están adquiriendo mayor importancia incluso en los sistemas de cría, por su contribución a la recría de vaquillonas, los servicios tempranos y la alimentación de los rodeos.
Costos: entre US$ 250 y US$ 450 por hectárea
Giorello presentó referencias preliminares de costos para la próxima zafra, utilizando los valores de semillas de la campaña anterior, ya que los precios de las semillas forrajeras para 2027 todavía no están definidos.
En el caso del sorgo forrajero, el costo de implantación y fertilización inicial se ubica en unos US$ 350 por hectárea, de los cuales aproximadamente US$ 250 corresponden a insumos y US$ 100 a labores. El asesor aclaró que la dosis de urea es una de las variables que más incide sobre el costo final.
Para los verdeos de invierno, la instalación representa unos US$ 400 por hectárea, mientras que en las praderas la inversión inicial alcanza aproximadamente US$ 450 por hectárea. Considerando una vida útil de cuatro años y los gastos de mantenimiento, el costo anualizado de las praderas se ubica entre US$ 270 y US$ 280 por hectárea.
En las promociones de raigrás, el costo de mantenimiento se estima en aproximadamente US$ 250 por hectárea, una alternativa que permite cubrir superficies importantes con una inversión relativamente menor. Giorello insistió en que la planificación anticipada permite asegurar los insumos y disponer de maquinaria cuando las condiciones climáticas resultan favorables.
Recomendó que los establecimientos del sur tengan los insumos disponibles al 1º de febrero y los del norte al 1º de marzo, con la maquinaria preparada para realizar las labores. “La pradera mala, el verdeo malo y el bueno salen lo mismo. Después realmente la diferencia está en el producto logrado”, afirmó.
Desafío de producir y cosechar cuatro kilos por hectárea al día
Uno de los conceptos centrales del análisis fue la importancia de transformar el forraje producido en kilos de peso vivo. Giorello distinguió tres etapas: producir el pasto, cosecharlo mediante el pastoreo y convertirlo en producto animal. Explicó que durante la primavera existe un potencial de hasta cuatro kilos de peso vivo por hectárea y por día, siempre que la oferta forrajera y la carga animal permita alcanzar ese objetivo.
El resultado depende de cómo se distribuye el alimento disponible entre las categorías. Por ejemplo, alcanzar esa producción con dos animales pesados por hectárea exige ganancias individuales difíciles de sostener, mientras que con cuatro terneros en recría puede resultar más accesible.
El asesor advirtió que tanto el exceso como la falta de carga pueden perjudicar el resultado: una carga excesiva compromete la pastura y el desempeño animal, mientras una carga insuficiente impide aprovechar el crecimiento primaveral.
La sincronización entre oferta de forraje y demanda animal es especialmente importante en establecimientos con 20% a 30% o más de superficie mejorada, donde las decisiones de pastoreo tienen mayor incidencia sobre el resultado económico.
Márgenes máximos
Para dimensionar el potencial económico, Giorello planteó un ejercicio con una pastura cuyo costo directo es de US$ 400 por hectárea y una producción de 400 kilos de peso vivo por hectárea. En ese escenario, el costo directo de la pastura equivale a US$ 1 por kilo producido.
Si el valor implícito de cada kilo generado se ubica próximo a US$ 3, el margen alcanza aproximadamente US$ 2 por kilo, equivalente a US$ 800 por hectárea. El asesor ubicó así el margen bruto potencial de la pastura en el entorno de US$ 700 a US$ 800 por hectárea, antes de incorporar los demás costos del establecimiento.
Aclaró que, cuando se consideran los gastos generales y los costos adicionales de sistemas intensivos, especialmente aquellos que incorporan suplementación, el costo por kilo producido se ubica entre US$ 1,60 o US$ 1,70. El asesor destacó que el resultado económico depende de la categoría animal que utiliza el recurso. Los kilos producidos en animales destinados a la venta permiten capturar el valor de manera más directa que el forraje destinado a vacas de cría, aunque este último también contribuye al resultado del sistema.
Para Giorello, la oportunidad no está únicamente en producir más pasto, sino en cosecharlo eficientemente y transformarlo en kilos comercializables.




