
Meteorólogos y físicos locales advierten que El Niño –que algunos clasifican como súper Niño– puede irse desarrollando y mostrarse con más fuerza hacia fin de primavera o verano. Esa tendencia se refleja en el último pronóstico del International Research Institute (IRI), de la Universidad de Columbia. El trimestre que incluye diciembre tiene, en su primera predicción, una probabilidad que supera el 75% de ser más lluvioso de lo normal.
Los pronósticos climáticos estacionales del International Research Institute (IRI) permiten anticipar, desde meses, si un trimestre será más o menos lluvioso de lo normal. Sobre esa proyección, el ingeniero agrónomo (PhD) Gonzalo Rizzo, profesor adjunto de la Facultad de Agronomía, de la Universidad de la República, explicó a VERDE qué “margen real” de decisión le brinda esa información a un productor antes de sembrar.
Los pronósticos climáticos estacionales dejaron de ser una curiosidad académica para convertirse en una herramienta con aplicación concreta en el manejo de cultivos de invierno y de verano en Uruguay, planteó el docente universitario.
En 2022 Rizzo publicó un estudio en la revista Agricultural Systems, donde mostró la relación entre los pronósticos –cuáles han sido las predicciones para el trimestre setiembre, octubre y noviembre, período crítico del cultivo– y las 10 zafras de rendimientos más altos de los ensayos de la Evaluación Nacional de Cultivares.
“En el trabajo que hicimos para soja ese pronóstico tiende a acertar bien para diciembre, enero y febrero, que es el trimestre en que se encuentra el período crítico del cultivo”, sostuvo. Esa información puede orientar decisiones de manejo, como fecha de siembra, grupos de madurez, qué cultivos sembrar y qué sistema de cultivo aplicar.
Cuando el trimestre pronosticado efectivamente resulta lluvioso, el rendimiento potencial del cultivo en secano –limitado por agua– es mayor. En ese escenario, tender a grupos de madurez más cortos y siembras más tempranas permite lograr los rendimientos potenciales más altos, según describió el investigador. Esa diferencia es estadísticamente significativa, sobre todo en soja de primera.
El estudio sobre soja de secano en Uruguay consideró datos de 620 a 668 pronósticos del IRI, de 2003 a 2016, en cinco estaciones meteorológicas que cubren 71% del área sojera. Los pronósticos acertaron el escenario de lluvias por debajo de lo normal en 77% de los casos, y por encima de lo normal en 60%.
El manejo dominante de los productores –indiferente al pronóstico– rindió en promedio 3.100 kilos por hectárea. Ajustando la fecha de siembra y el grupo de madurez, según el pronóstico, el rendimiento pudo llegar a 4.700 kilos en años lluviosos y 3.700 kilos por hectárea en años secos.
El manejo estacional específico podría aumentar el rendimiento de soja entre 600 y 1.600 kilos por hectárea respecto al manejo actual de los productores, que está alineado con una estrategia adversa al riesgo.
Rizzo remarcó que esas cifras corresponden al rendimiento potencial del cultivo, de difícil alcance en la práctica y existe consenso en que más del 80% de ese potencial es ineficiente lograrlo. “No es lo que esperamos que logren los productores, sino lo que potencialmente permitiría la oferta de agua y las condiciones climáticas en un cultivo totalmente controlado y protegido de factores limitantes, como la fertilización, y de factores reductores, como enfermedades, plagas y malezas”, precisó.
BRECHA QUE SE AGRANDA EN LOS AÑOS BUENOS
Consultado sobre si esas condiciones favorables reducen la brecha de rendimiento en soja, Rizzo reconoció que no cuenta con esa segmentación específica. Sí describió una tendencia general: el rendimiento observado en los productores es bastante estable, tanto a nivel de la media nacional como por departamento.
“Cuando hay más potencial, lo que se pierde es la oportunidad de adaptarse a esa mejor condición y, por lo tanto, la brecha se hace más grande en esos años, por falta de adaptarse mejor a esa condición favorable”, explicó.
La diferencia central entre soja y trigo, según Rizzo, radica en la demanda atmosférica. “En trigo esa diferencia no es tan marcada. La oferta de precipitaciones en relación a la demanda atmosférica está bastante cubierta durante el invierno, pero en verano esa demanda es tan alta que las deficiencias se hacen más evidentes. Por eso, en cultivos de verano vemos la limitación por agua, y un trimestre pronosticado como más lluvioso permite, cuando efectivamente se da, lograr rendimientos más altos”, cerró el investigador.
CAPACIDAD DEL PRONÓSTICO EN TRIGO
El disparador de la consulta de VERDE, además de las proyecciones climáticas, fue la presentación que el profesional realizó en la Jornada Nacional de Cultivos de Invierno, sobre la capacidad predictiva de los pronósticos estacionales y su relación con los rendimientos de trigo.
En general, cuando se pronosticó un trimestre más lluvioso, los 10 rendimientos más altos tendieron a ser mayores, en torno a 1.000 kilos más por hectárea, en promedio.
“Lo que nos sorprendió fue que en el año pronosticado seco, ya un pequeño déficit hídrico en algunas localidades terminaba reduciendo los rendimientos respecto de los años lluviosos, cuando los rendimientos logrados son muy altos”, señaló el investigador.
Al analizar un trabajo realizado en Argentina, con datos de los departamentos de Entre Ríos más cercanos a Uruguay, no encontró una relación significativa entre la clasificación de año Niño, normal o Niña y los rendimientos promedio de los productores. La diferencia rondaba entre 3% y 5%, sin significancia estadística. “En general no vemos una relación significativa entre cómo se da el año y los cultivos de invierno”, indicó Rizzo.
La excepción aparece en evaluaciones de cultivares con rendimientos muy altos, que superan los 7.000 kilos por hectárea. Allí se detecta una penalidad en el año seco y una ventaja en el lluvioso, siempre que el cultivo esté protegido de factores reductores, con fungicida y un manejo riguroso de enfermedades, plagas y malezas. El estudio de trigo se enfocó exclusivamente en productividad, sin abordar aspectos de calidad de los cereales.
En cuanto a la respuesta al fungicida, Rizzo indicó que en un año más lluvioso ronda los 500 kilos por hectárea en los 10 cultivares de mayor rendimiento.
MENOR PRECISIÓN EN EL SUR
La efectividad del pronóstico varía según la región del país. En la región norte la probabilidad de acierto para el trimestre setiembre-octubre-noviembre ronda el 75% en Paysandú y valores similares en Mercedes. En el sur, en cambio, baja notoriamente: en La Estanzuela la chance de acierto es de apenas 40%.
“La conclusión es que el pronóstico es menos efectivo en el sur, quizás por la influencia del océano Atlántico, aunque eso habría que conversarlo con algún experto”, expresó Rizzo. En las zonas más al norte del país, el pronóstico que produce el IRI resulta más efectivo.




