
Los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos (EEUU) volvieron a quedar bajo presión después de conocerse datos de inflación superiores a los esperados, en un escenario que combina “mayores” precios de la energía, “preocupación” por el déficit fiscal y un “ajuste” de las acciones tecnológicas. El bono estadounidense a 10 años llegó a rendir 5,30% anual en dólares, aunque posteriormente la búsqueda de refugio moderó el movimiento y llevó la tasa hacia 5,05%.
Esos son los puntos relevantes de la economía estadounidense que fueron destacados por el economista Ignacio Bello, asesor financiero de Urraburu Corredores de Bolsa, al ser entrevistado en Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
La inflación subyacente de EEUU aumentó a 2,6% en los últimos 12 meses, desde 2,4% en la medición anterior, mientras que la inflación subyacente a nivel de los precios al productor también superó las expectativas y alcanzó 5% interanual, sostuvo.
La primera reacción del mercado fue una suba de los rendimientos de los bonos del Tesoro. Ese movimiento tiene consecuencias que exceden a Estados Unidos, porque las tasas estadounidenses funcionan como una referencia para los rendimientos financieros a nivel global.
“Son el piso de los rendimientos a nivel global”, resaltó Bello. Por lo tanto, cuando aumenta la rentabilidad exigida a los títulos estadounidenses, tienden a subir también los rendimientos de otros bonos y a caer sus precios.
Uruguay no queda al margen de ese movimiento. Bello señaló que los rendimientos internacionales ya venían aumentando durante las últimas seis a ocho semanas y habían alcanzado niveles históricamente elevados. “Había que ir para atrás entre 20 y 25 años para encontrar rendimientos tan altos en dólares como los que estaban habiendo”, dijo.
Comentó que detrás de ese proceso aparece, además de la inflación, el impacto de los conflictos geopolíticos sobre los precios de la energía y el “riesgo” de que esos “mayores” costos se trasladen hacia otros sectores de la economía. Para los títulos de mayor plazo también pesa el aumento del déficit fiscal estadounidense y las necesidades de financiamiento.
Para los inversores con liquidez en dólares, ese escenario genera oportunidades porque permite ingresar a bonos con rendimientos “elevados”. La contracara es la “pérdida” de valor que enfrentan quienes ya poseen esos títulos cuando las tasas de mercado aumentan, analizó.
La segunda mitad de la semana incorporó otro elemento: una fuerte corrección de las acciones vinculadas con tecnología, semiconductores e inteligencia artificial.
El ajuste volvió a poner en discusión el volumen de inversiones que las grandes compañías están destinando a la infraestructura necesaria para el desarrollo de inteligencia artificial. Pero Bello marcó una diferencia respecto a episodios anteriores: ahora esas inversiones enfrentan un costo financiero “mayor”.
Muchas de esas empresas recurren a emisiones de deuda para financiar infraestructura y las mayores tasas están encareciendo tanto el endeudamiento existente como las nuevas emisiones.
La salida de capitales desde determinados bonos corporativos y acciones tecnológicas generó, a su vez, una búsqueda de refugio en los propios bonos del Tesoro estadounidense, advirtió. Y consideró que ese movimiento incrementó la demanda de títulos públicos, elevó sus precios y terminó reduciendo parcialmente sus rendimientos. El bono del Tesoro a 10 años, referencia central del mercado, había alcanzado 5,30% anual en dólares, pero terminó la semana próximo a 5,05%.
En el mercado accionario, el S&P 500 cayó 1,9% durante la semana, mientras que el Nasdaq, con mayor exposición al sector tecnológico, perdió 4%. En los últimos 10 días, la caída acumulada del Nasdaq alcanzó aproximadamente 5%.
El comportamiento de la inflación vuelve a colocar a la Reserva Federal en el centro de la atención. Bello señaló que actualmente el escenario principal no contempla una nueva suba de tasas en la reunión de fines de octubre, aunque los datos recientes aumentaron transitoriamente la probabilidad de otro ajuste.
La Fed había elevado la tasa en 0,25 puntos porcentuales en su reunión anterior. La evolución posterior de los mercados volvió a reducir las expectativas de un nuevo movimiento inmediato.
Sin embargo, Bello advirtió que la discusión no está cerrada. Si la inflación continúa mostrando resistencia y los precios energéticos permanecen elevados, podría producirse otra suba de tasas antes de finalizar el año.
El petróleo constituye una de las variables a seguir. El Brent terminó la última semana próximo a US$ 110 por barril, un nivel que agrega presión sobre las expectativas inflacionarias.
En ese contexto, el mercado no descarta una eventual suba de tasas en diciembre y otra durante el primer trimestre del próximo año, dependiendo de la evolución de los datos.
Brasil, mientras tanto, muestra una dinámica particular por encontrarse entre la primera y segunda vuelta electoral. Bello planteó que el resultado de la primera vuelta, con una votación de Jair Bolsonaro superior a la esperada por el mercado, generó una fuerte demanda por activos brasileños.
Los bonos aumentaron de precio y consiguieron amortiguar parte de la presión internacional, mientras también ingresaron capitales hacia las acciones. El movimiento se reflejó además en el mercado cambiario, donde el dólar llegó a ubicarse por debajo de R$ 5 antes de recuperar posteriormente ese nivel.
En Uruguay, la atención estuvo puesta en las nuevas encuestas de expectativas del Banco Central. Bello señaló que no aparecieron modificaciones “relevantes”, mientras la política monetaria continúa transitando un proceso de “ajuste”. Las expectativas privadas contemplan una inflación que podría ubicarse entre 4,7% y 4,9% durante los próximos seis meses, para posteriormente converger nuevamente hacia 4,5%.
El comportamiento esperado para el dólar continúa siendo más moderado. De acuerdo con las expectativas comentadas por Bello, el tipo de cambio cerraría el año alrededor de $ 40,50 y alcanzaría aproximadamente $ 41 en un horizonte de 12 meses. Esto implicaría un incremento del dólar del orden de 1% en los próximos 12 meses, mientras que para 2027 se espera una variación punta a punta cercana a 2,2%, analizó.
De mantenerse esas proyecciones, el dólar volvería a aumentar sensiblemente menos que los precios internos, prolongando una tendencia que las encuestas de expectativas vienen mostrando desde hace varios meses.
“En todos los casos se mantiene la tendencia de un dólar creciendo por debajo de la expectativa de inflación”, resumió Bello.

