
La suba de precios internacionales de los granos redujo el punto de equilibrio de los cultivos de invierno, señaló el gerente de Producción Agrícola de UAG-Granosur, Diego Iglesias, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
En colza, la escalada de precio generó una corrección de entre 150 y 200 kilos por hectárea en el punto de equilibrio. «Podemos llegar a tener un equilibrio en el eje de los 1.650 a 1.700 kilos por hectárea para colza», calculó.
En cebada el ajuste fue similar. A principio de campaña se manejaba una referencia de 4.000 a 4.200 kilos por hectárea, mientras que hoy ese número bajó a 3.700 kilos por hectárea, destacó.
El trigo, en cambio, mostró un ajuste más “moderado”. El precio ofrecido por la industria se mantiene en US$ 215 a US$ 220 por tonelada, lo que exige un rendimiento cercano a los 4.900 kilos por hectárea para cubrir los costos, precisó. Y comentó que el productor de trigo suele ser “más reticente” a la venta anticipada “por la sensibilidad del cultivo a la calidad”. Tanto el trigo como la cebada dependen del comportamiento climático en las últimas etapas del ciclo, lo que genera “cautela” a la hora de tomar posiciones comerciales.
UAG-Granosur concentra su producción de cultivos de invierno en la zona litoral, con “fuerte” presencia en Paysandú y Cardona. La empresa también tiene un área de chacras propias en la zona de Rivera y Tacuarembó, en el noreste del país.
En cuanto al factor climático, las lluvias por encima de lo normal afectaron el desarrollo de los cultivos de invierno, sobre todo hacia el norte. Iglesias detalló que se registran “casi tres veces más días nublados que en un año normal”, con baja heliofanía, un indicador que “impacta directamente” en el desempeño de los cultivos.
El exceso de agua generó “encharcamiento, menor luminosidad y mayor incidencia de enfermedades”. A eso se suman los “efectos indirectos”: la imposibilidad de aplicar fungicidas, correcciones de nutrientes o controles de malezas en el momento oportuno, advirtió.
En colza y carinata, algunas aplicaciones de nitrógeno previstas se están dejando de lado, ya que después de la elongación la respuesta del cultivo al nutriente es “baja”. Eso reduce costos, aunque de forma no buscada, mientras el precio “más alto” compensa la caída esperada en rendimiento, explicó.
Iglesias sostuvo además que el trigo es el cultivo “más sensible” en la recta final, sobre todo durante la floración, por la incidencia de Fusarium y otros patógenos. La colza, en cambio, tendría algo más de margen de defensa frente al clima adverso.
De cara al verano, UAG-Granosur ya ejecuta los barbechos y algunas siembras tempranas de maíz. Iglesias consideró que un escenario de lluvias por encima de lo normal, asociado al fenómeno de El Niño, puede ser “positivo” para el potencial de rendimiento, siempre que se logre sembrar en tiempo y forma.
El área de verano no tendría “grandes” variaciones, aunque se espera un “mayor empuje del maíz” por la demanda de granos forrajeros vinculada a la ganadería. La suba de US$ 30 por tonelada en la soja, sin embargo, podría poner un freno a ese crecimiento, apuntó.
Con un escenario niño, el punto de equilibrio del maíz de primera se ubica en el eje de las siete toneladas por hectárea, un rendimiento que Iglesias consideró “alcanzable” este año.
UAG-Granosur retomó su actividad ganadera tras haberla suspendido en 2016, con la planificación de un corral de engorde en la zona núcleo de Rivera y Tacuarembó. El proyecto está en etapa de presentación ante el Ministerio de Ganadería y la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama).
El corral está diseñado para una capacidad de 5.000 animales, estará ubicado en el establecimiento Yaguarí, en pueblo del Barro (Tacuarembó). La previsión es iniciar los primeros encierros hacia fines de este año o en los primeros meses de 2027, precisó.




