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Biocombustibles empujan la demanda de granos y potencian la cadena cárnica
13 de octubre de 2026 - 07:00 hs.
Fava Neves

América del Sur tiene una “oportunidad” para consolidarse como proveedor de alimentos de Asia y África, y además para “generar valor” reemplazando energía fósil en el agro, planteó el profesor de la Universidad de San Pablo, Marcos Fava Neves, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.

Durante su visita a Uruguay para disertar en ADP Zone, el especialista se mostró confiado en que la producción seguirá creciendo. Lo atribuyó al “aumento” del consumo mundial, la urbanización, el crecimiento de la población y una “mejor” distribución del ingreso.

Fava Neves dijo que el cambio de fuente energética en la agricultura es una “oportunidad central”. Brasil ya tiene cosechas y camiones con contratos que funcionan con 100% biodiésel, producido en establecimientos agrícolas, industrias y cooperativas, comentó.

El etanol de maíz también beneficia a la cadena cárnica, sostuvo, considerando que el residuo de la destilación se usa como ración para bovinos, aves y cerdos. A su vez, los efluentes de esos animales se transforman en biometano y bioelectricidad y ya hay maquinaria con motores a biometano.

Según el académico, este proceso fue el principal éxito de Brasil en los últimos diez años. «Si tengo que dejar un mensaje principal a Uruguay es que piense en el empoderamiento bioenergético del interior del país», afirmó. Agregó que eso haría crecer el PIB y bajar las importaciones de petróleo.

Fava Neves planteó que Uruguay puede hacer proyectos competitivos de ese tipo. Hoy todos los estados brasileños con área agrícola desarrollan bioenergía, y Uruguay equivale en superficie a dos de ellos. Por eso, el profesional cree viable instalar entre una y tres plantas de etanol de maíz y de biodiésel de soja.

“Grandes grupos, cooperativas o inversores internacionales podrían hacer esas inversiones con contratos de abastecimiento con productores de granos locales”, alentó. Y argumentó que así “se movería menos carga, porque el combustible se genera al lado del campo”.

Sobre el interés de los inversores, Fava Neves mencionó como ejemplos de Brasil a Inpasa, que comenzó en Paraguay, y a FS Bioenergia, con capital estadounidense. Son los dos mayores productores de etanol de maíz del país. En biodiésel se destacan las cooperativas, y Rio Grande do Sul hoy también atrae inversiones.

Además, hay grupos que visitan Uruguay para estudiar producir etanol a partir de trigo y cebada, lo que fortalecería los cultivos de invierno, señaló.

Para el profesor, los biocombustibles son un “motor clave” de la demanda de granos. En los últimos diez años, la demanda mundial de soja creció en promedio 12 millones de toneladas (Mt) por año, y la de maíz, 30 Mt. En los últimos tres años esos promedios subieron a 18 Mt y de 35 a 38 Mt, respectivamente.

En cuanto al consumo humano, Fava reconoció que en China y otros países la población dejó de crecer y envejece. En cambio, África y Asia siguen sumando habitantes. India, por ejemplo, crece en un millón de personas por mes. “Es un Uruguay cada cuatro meses”, graficó.

Por eso, el profesor indicó que los exportadores de alimentos deben enfocarse en países con “mucha población y pocos recursos” productivos, como India, Bangladesh, Pakistán e Indonesia. Indonesia ya es un “gran” comprador de carne brasileña.

También ve espacio en Europa y Brasil para los productos diferenciados uruguayos. Mencionó el aceite de oliva, el vino, el dulce de leche, los quesos y la leche. Para Fava Neves, la ventaja de la apuesta energética es que depende solo de una decisión privada de los inversores. Al exportar, en cambio, siempre hay que lidiar con restricciones políticas y regulatorias, como las que China aplica hoy a la carne brasileña.

Sostuvo que “la bioenergía agrega valor porque abarata la ración y permite exportar carne en lugar de grano”. En Brasil, las exportaciones de pollo y cerdo suman US$ 13.000 millones por año. Los granos que consumieron esos animales se habrían exportado por solo US$ 3.000 millones, precisó.

A eso se suma el empleo de la industria frigorífica y la economía circular, en la que el residuo de un producto se vuelve insumo de otro. Para el profesor, eso es “lo más bonito” que tiene hoy la agricultura brasileña.

Sobre la sustentabilidad, recordó que entre 2010 y 2020 las empresas hicieron un gran esfuerzo en ese sentido, pero el enfoque cambió después de la pandemia. «Hoy la sustentabilidad tiene que entregar resiliencia productiva y tiene que entregar rentabilidad», advirtió. Ahora se prioriza lo que deja más margen por hectárea y fortalece la resiliencia.

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Marcos Fava Neves - Universidad de San Pablo - 7-10-26 - verdemedia

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